Jóvenes apuestan por Venezuela: “Me quiero quedar porque creo que puedo ayudar a cambiar algo”

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Reuters

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(20 de noviembre de 2016. El Venezolano).- La periodista de 29 años, Anna Maier, de madre cubana exiliada del castrismo; que vivió en España dos años largos bailando flamenco; que pasó seis meses en Nueva York, ha llegado a renunciar a la residencia estadounidense, pero ha decido apostar por Venezuela, comentó entrevista al diario El País. Como ella, muchos jóvenes apuestan por Venezuela.

El periódico digital en el que trabaja, El Estímulo, fue atacado esta semana, dos hombres armados entraron en la sede y atracaron a una veintena de personas. Se llevaron material de trabajo; les amedrentaron, pero no lo suficiente para hacer cambiar de opinión a Maier, quien en 2015 perdió a su tío a manos de la delincuencia.

“Me quiero quedar porque creo que puedo ayudar a cambiar algo, al menos a registrar lo que está pasando”, dijo durante la entrevista.

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Desde 1990 hasta 2016, 1,2 millones de venezolanos salieron del país, pero el sociólogo Iván de la Vega, experto en migración, cree que la cifra puede alcanzar los casi 2,5 millones, según sus estudios, que cotejan una decena de fuentes.

“En 2010, el 68% de los emigraba para huir de la inseguridad, el resto se repartía entre la polarización política y la merma en el mercado laboral. Tres años después, un 52% lo hacía por inseguridad, mientras que el segundo motivo obedecía a la crisis económica. Se trata de una diáspora, por lo general, altamente calificada o con estudios superiores. Son talentos que se están perdiendo, el país se está descapitalizando”, explicó el profesional.

Según De la Vega, solo el 15% ha regresado, ya sea porque no les ha ido bien o porque no se han adaptado al nuevo destino. “El resto difícilmente lo hará porque conseguirá mejores condiciones económicas, tranquilidad y paz, motivos que generan arraigo”, dijo.

“Estamos viviendo un duelo, y para llevarlo tienes que naturalizarlo, pero hemos naturalizado hasta la violencia y eso no lo podemos seguir permitiendo”, expresó Johana Robles, estudiante de Psicología y Filosofía en la Universidad Central de Venezuela.

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“Estamos en un modo de supervivencia que también desarrolla un individualismo nada bueno”, advierte. “La pregunta no debería ser por qué me quedo, sino por qué debo irme de mi país. Esta generación ha perdido ya muchas oportunidades, no podemos permitir que esta pandilla, por llamarlos de alguna manera, nos lo quiten todo”, sentenció Robles.

El sociólogo Tomás Páez no duda en que esta diáspora continuará. “La mayoría se ha ido por causas asociadas al Gobierno. Todos tienen disposición de ayudar, pero eso no significan que vaya a volver”, señaló.

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El activista político de 32 años, Carlos Julio Rojas, vecino del barrio de La Candelaria, en el centro de Caracas, fue detenido en enero de 2015 por hacer unas declaraciones sobre las interminables colas que se forman en los mercados. “Si corres te disparamos”, le dijo un policía. Aquellos cinco días hasta recobrar la libertad fueron casi definitivos. Pensó en marcharse. Su mejor amigo, Conan Quintana, le convenció para quedarse. “Me decía que aguantara, que esto cambiaría pronto”.

Unos meses después de aquella conversación, Quintana, líder estudiantil, fue asesinado a tiros. “Irme después de eso tendría algo de cobardía, admite su amigo. Lo que me mantiene en Venezuela es el deseo de cambiar”, dijo Rojas.

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