Ironías, por Isaías A. Márquez Díaz

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(13 de febrero de 2017. El Venezolano).- Hipócrita y cínicamente el gobierno  celebra el “Día de la Juventud”, cuando tenemos un país donde los jóvenes, sobre todo profesionales, emigran  por lo que se les niega, el derecho a la calidad de vida y a la seguridad personal. Se ha hecho muy común en esta Venezuela,   se comente, con nostalgia: ahora a los hijos se les despide en el aeropuerto o en el cementerio, en virtud de que no hay proyectos para ellos. Y, en cualquier esquina de pueblo o ciudad,  se les atraca y asesina por un teléfono o cualquier baratija.

Durante los primeros días de enero pasado, el ambiente del aeropuerto Internacional de Maiquetía “Simón Bolivar”, convertido por el desgobierno en uno de los más desolados de Latinoamérica, es de lagrimas y desconsuelos  por las despedidas que, usualmente, se suscitan entre parientes y jóvenes quienes se marchan; la aflicción por los hijos y los nietos quienes nacerán y crecerán en otras latitudes.  Muy frecuentemente se escucha: “mis hijos regresan a tal país  en busca de proyectos que les den calidad de vida y crecimiento personal. Por ello, las lágrimas de tantísimos venezolanos quienes se agrupan donde se hace el check-in. Pero, quizá lo más duro es el momento de pase al  “área de embarque” o de los “controles de seguridad”; con muchísimo sentimiento, viene a la mente alguna estrofa del poema de don Andrés Eloy Blanco: “cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos de la tierra…,”.

Años atrás, cuando entonces sí teníamos patria, los jóvenes profesionales salen del país no por razones socioeconómicas ni sociopolíticas, sino a fin de especializarse y hasta becados por multinacionales.

Hoy día, la herejía moderna de socialismo y comunismo  solo pudiera ofrecer a todo joven incorporarle a la “defensa integral de la patria”, en una nación que se halla tambaleante frente al despeñadero, pues su economía se halla destruida y sin expectativas  ni a corto ni a mediano plazo, aunque la estentórea augura situaciones mejores.

En vista de tal situación, observamos, honrosamente,  sinnúmero de adultos mayores a quienes el gobierno tampoco considera, pues les mantiene sin medicinas y en colas por la adquisición de cualquier bien o servicio. Y, pretende consolarles, sarcásticamente, mediante el incremento compulsivo de la pensión, a través del salario mínimo.

Por: Isaías A. Márquez Díaz

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