Hijo de tigre nace “rayao”, por Joaquín F. Chaffardet

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Referencial

(05 de julio 2016. El Venezolano).- En un artículo dirigido a mí, Pedro Pablo Fernández Reyna comienza con una suerte de velado insulto o intento de descalificación: “Mi último artículo recibió fuerte crítica de un par de residentes de Miami, Gustavo Coronel y Joaquín Chaffardet, que sacaron de contexto frases aisladas para tergiversar mis opiniones.”. Para Fernández, las críticas no provienen de dos ciudadanos venezolanos sino de un “un par de residentes de Miami” como si residir en Miami fuera causa de pérdida de la ciudadanía o motivo para avergonzarse. En realidad, por distintas razones, ni Gustavo Coronel ni yo residimos en Miami. De ese párrafo se puede concluir, sin lugar a dudas, que Fernández es de los que piensa que los venezolanos que viven en el exterior o que estamos exiliados, no tenemos derecho a opinar sobre los acontecimientos que tienen lugar en nuestro país. Somos pues unos metiches.

Sigue su quejosa perorata escribiendo en tono pedante y engreído que “algunos me dirán que no debo darle relevancia a personas que no la tienen…” esos “algunos” no deben preocuparse porque usted le dé relevancia a personas que no la tienen, por una razón muy simple que está recogida en aquel viejo adagio de los jurisconsultos romanos que reza “Nemo dat quod non habet”, que quiere decir en cristiano “Nadie puede dar lo que no tiene”.

Con la aviesa y cobarde intención de vincularme al abominable hecho de la voladura del avión de Cubana de Aviación en 1976 usted escribe.

“El señor Chaffardet tiene una larga relación con un señor llamado Luis Posada Carriles, quien estuvo preso en Venezuela desde 1976 hasta 1985 por el atentado terrorista a un avión cubano y fue el único testigo a su favor en el juicio de extradición que se le siguió en 2005.”

Aprovecha usted la circunstancia de que, por ahora, no le puedo reclamar personalmente su cobardía por encontrarme en el exilio, pero a lo mejor algún día se cruzan nuestros caminos.

Al grano: efectivamente soy amigo de Luis Posada Carriles desde hace cuarenta y siete años y desde hace doce años su abogado en Venezuela. Ni me arrepiento, ni me avergüenzo ni lo oculto. Conocí y trabajé con Luis Posada Carriles en los Servicios Especiales del Ministerio de Relaciones Interiores en 1969 y posteriormente en DISIP de la cual fui Secretario General de 1971 a 1974. Posada Carriles es hombre de una honestidad a toda prueba y un ciudadano que prestó servicios invalorables a la República. Ojalá usted pueda prestarle a la República servicios equivalentes a un mínimo porcentaje de los prestados a ella por Luis Posada, lo que pongo en duda. Le hago saber que hasta ahora la única sentencia dictada a Posada en el caso del avión de Cubana de Aviación fue absolutoria.

Pretender usted vincularme al atentado terrorista contra el avión de Cubana de Aviación por mi amistad con Posada Carriles, es una cobarde canallada. Es como si yo pretendiera vincular a su padre, Eduardo Fernández Jímenez, por citar un ejemplo, con los hechos fraudulentos que dieron origen a la crisis bancaria de los noventa, por su estrecha amistad con algunos de los banqueros pillos causantes de aquella debacle financiera. El hecho de ser amigo y recibir jugosos aportes financieros de los más prominentes responsables de esa crisis como fueron Pedro Tinoco, Gustavo Gómez López, José Álvarez Stelling y Orlando Castro, no hace a Eduardo Fernández responsable ni partícipe y mucho menos responsable de la crisis.

Sin embargo, en su irresponsable temeridad va usted más allá. En efecto con su cara bien dura, para tratar de darle sustento a su insinuación, como si fuera un hecho del que usted es testigo, escribe que “Chaffardet y Posada Carriles pensaban que la mejor forma de acabar con el régimen cubano era con posiciones radicales extremas.” A menos que usted sea capaz de leer la mente a distancia o tenga poderes sobrenaturales, no sé cómo puede saber lo que pensaba Luis Posada o lo que pensaba yo, cuando no nos conoce a ninguno de los dos. Debo observarle que ningún régimen se acaba con “posiciones” sino con “acciones”. Lo que sí le puedo asegurar y la historia confirmárselo, es que dictadura no cae jalándole bolas.

Por supuesto, siendo que usted nunca ha enfrentado a una dictadura y menos ha sido víctima de ninguna, sino todo lo contrario: ha sido consentido y elogiado, de allí que es lógico que discrepe usted, sin tener constancia alguna de lo que nos atribuye a Posada y a mí: “…que [creemos que]la mejor forma de acabar con el régimen cubano era con posiciones radicales extremas…”. En todo caso, y como solamente puedo hablar por mí, le digo, que la dictadura cubana es un problema fundamentalmente de los cubanos y me solidarizo moralmente con la lucha del pueblo cubano por su libertad, como debe hacerlo cualquier demócrata. A diferencia de usted que vive haciéndole carantoñas al régimen totalitario, soy enemigo acérrimo de las dictaduras, incluida la cubana dueña del gobierno para el que usted nos pide apoyo. Sostengo que hay que atacarlas con decisión, firmeza y sin descanso, con todos los medios disponibles. Tanto en el combate contra las dictaduras como en la defensa de los derechos humanos no puede haber medias tintas. Con las dictaduras no hay diálogo o negociación posible a menos que se esté dispuesto a ceder, aun cuando sea en parte, a sus pretensiones y a cohonestar sus acciones. Las medias tintas son siempre en beneficio de las dictaduras y en detrimento de los derechos humanos y de la libertad, que parece ser su posición. No creo en ese cuento de que “aquí cabemos todos”, “todos somos hermanos”, “todos somos hijos de Bolívar”. Ni soy hijo de Bolívar, ni soy hermano ni amigo de los sátrapas y sus servidores que arruinaron a la nación ni estoy dispuesto a convivir con la dictadura.

Y para no usar frases “fuera de contexto” cito el título de su criticado artículo “NO HAY UNA SALIDA”, un título desafortunado y pesimista, que diga usted lo que diga, parece estar dirigido a sembrar el desaliento en el 83% de los venezolanos que manifiestan querer salir ya de Maduro y su dictadura.  Pero no conforme con el título, escribe usted:

“En el país se habla de una salida como si hubiera una puerta que traspasar que nos conduce de la crisis a la solución. Como si hubiera una llave que nos permite cruzar de un salón donde se vive un estado caótico a otro donde hay progreso, orden y tranquilidad. Esa salida no existe. No hay ninguna llave. La superación de esta crisis es un proceso. Ese proceso es largo, tiene obstáculos, dificultades y no tiene un punto de llegada.

Hay quienes piensan que todo se resuelve con la salida de este gobierno “como sea…”.

Si dependiéramos de dirigentes como usted efectivamente nunca tendríamos un punto de llegada. Afortunadamente no creo que sus escritos en el pasquín servil de Díaz Rangel y el desaliento que pretenden transmitir lleguen a ningún sector importante de la población.

Pero como usted acusa a quienes criticamos su postura colaboracionista con el régimen de que sacamos “…de contexto frases aisladas para tergiversar [sus]opiniones…” , dígame si este párrafo de su escrito titulado NO HAY UNA SALIDA tiene un significado oculto o encriptado diferente a lo que a la letra se lee:

“Apoyar e impulsar al Gobierno para que profundice las medidas que viene tomando es lo mejor que podemos hacer en beneficio del país, del gobierno, y sobre todo, en beneficio de los que pretenden sucederlo, porque las medidas que no se tomen hoy se tendrán que tomar mañana a un costo político mayor.”

Y puede aprovechar la oportunidad para explicarle a sus lectores cuáles son las medidas “que viene tomando el gobierno” y que lo mueven a usted a pedir “Apoyar e impulsar al gobierno para que profundice las medidas que viene tomando es lo mejor que podemos hacer en beneficio del país, del gobierno…”

Ser columnista de Últimas Noticias de hoy, dirigido por un sicofante como Eleazar Díaz Rangel, es lo mismo que haber sido columnista en El Heraldo en la época del perezjimenismo. El Heraldo era el pasquín oficioso de la dictadura perejimenista así como los es Últimas Noticias de la dictadura de hoy. En Últimas Noticias escriben quienes están dispuestos a hacerle el juego a la dictadura, dispuestos a sobarla y a que los soben.

Finalmente, totalmente de acuerdo con usted cuando dice que “Chaffardet y yo no podemos estar de acuerdo en nada.” Efectivamente, yo me opongo radicalmente a las dictaduras, defiendo los derechos humanos, me preocupo por los presos y los exiliados y perseguidos políticos, me repugna la corrupción de esta dictadura, me duelen las muertes de las decenas de miles de venezolanos asesinados cada año por el hampa protegida por la dictadura, me asquean los militares en la política, detesto los sicarios judiciales y en particular los de la sala prostitucional, me dan gran arrechera las triquiñuelas de las comadres del CNE para bloquear la expresión de la voluntad popular, me enfurece cuando un diario deja de circular porque el gobierno -para el que usted pide apoyo- los asfixia con su monopolio del papel periódico, me indigna y me da pena ver a los venezolanos humillados cada día en interminables colas para conseguir migajas para alimentarse, detesto a quienes se hacen de la vista gorda ante la sistemática destrucción del estado de derecho y las instituciones, desprecio a quienes callan ante las torturas. Nunca he oído, leído o visto algún pronunciamiento suyo sobre estos temas.

En otras palabras yo me considero y soy un luchador por la democracia, la justicia, los derechos humanos y la libertad, usted es lo que ha escogido ser, con toda libertad: colaborador del régimen, lo que es contrario a todos mis principios éticos y morales. Es su derecho, pero yo estoy en la otra acera, yo odio la dictadura y los dictadores y me dan lástima y vergüenza ajena los colaboracionistas que al fin de cada dictadura suelen ser los que pagan más por los platos rotos. Cierto NUNCA podremos estar de acuerdo.

Dice el sabio refranero popular: “hijo de tigre nace rayao” y no siempre es por el pelaje.

Escrito por: Joaquín F. Chaffardet

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