Hambre pareja hecha en revolución, por Emiro Albornoz

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Referencial

(05 de noviembre de 2017. El Venezolano).- Para los venezolanos que viven en carne propia los efectos devastadores del hambre que ha traído la revolución chavomadurista a lo largo de 18 años de incuria , ignominia y corruptela ya no les asombra que medios de información recojan la especie difundida por Caritas, organización social de la iglesia católica que trabaja para ayudar a los olvidados de los malos gobiernos, según la cual 300 mil niños están amenazados de morir de hambre en nuestro país.

Pero los ciudadanos de otras partes del mundo que saben que Venezuela es un país petrolero, cuarto en producción mundial de crudo, que recibió en los últimos doce años, solamente, más de un billón de dólares por la venta de petróleo, cuando el valor del crudo estuvo elevado durante varios años, y que nada sobre las reservas más cuantiosas que cualquier país pueda tener, estimadas en unos 700 mil millones de barriles, en verdad que no le encuentran sentido, ni lógica, ni razón.

Gracias a la revolución “bonita”, calificativo que le daba a su desastre en sus delirios el engendro infernal de Sabaneta de Barinas, cuando aún había petrodólares para derrochar, robar y despilfarrar a manos llenas, el fantasma del hambre se pasea con el moño suelto por los hogares de más de las tres cuartas partes de la nación venezolana.

Quienes aún tenemos chance de ir a comprar alimentos en una panadería, podemos ver cómo a las puertas de estos locales esperan pobres mujeres con sus niños y sus rostros macilentos y mustios encajados en sus cuadriles, y personas de la tercera edad, que ya no piden cien bolívares porque ese billete, asesinado y resucitado por Maduro, no sirve para nada, sino un pan que cuesta mil 500 bolívares y que mucha gente lo piensa bastante para entregarle uno porque se trata de la tercera parte del salario mínimo que gana un trabajador, que es la mayoría.

Hemos escalado, según Caritas, de la crisis de alimentos a la emergencia humanitaria y ya se tienen cifras de que semanalmente mueren en Venezuela entre cinco y seis niños que mueren por hambre.

Nicolás Maduro, a quien algún día no muy lejano aspiramos ver sentado en un escaño de la Corte internacional Penal de La Haya para responder por delitos o crímenes de lesa humanidad, como son esas muertes innecesarias de infantes y hasta de adultos mayores a causa del hambre, se niega a declarar la crisis humanitaria, tal vez porque le queda algo de pena a este disoluto y corrupto régimen y le da vergüenza que el mundo sepa (que ya lo sabe) que un país rico en petróleo como Venezuela, tenga que recibir ayuda humanitaria para que sus ciudadanos mitiguen el hambre causada por la peor crisis económica de nuestro país a lo largo de toda su vida republicana.

Caritas ha dicho que la desnutrición infantil grave ha llegado al 15% en el mes de agosto pasado, por lo que declaramos la emergencia humanitaria. Y el 33% de la población infantil ya presenta retardo en el crecimiento. Este daño tanto físico como mental les acompañará toda su vida, es irreversible ya. Están condenados a ser retardados. Y pensar que se trata del futuro de Venezuela.

En Corea del Norte, donde impera un régimen comunista como el de Maduro, que se ha dedicado a dirigir todos sus recursos en armar un aparato de guerra para amenazar a sus vecinos y al propio Estados Unidos, hace unos años tuvieron que reformar la ley de conscripción militar para recibir dentro de las filas del ejército a ciudadanos que no llegaran a medir un metro 50 centímetros. Estos seres, de por sí bajos en estatura, han rebajado su talla a causa del hambre.

Nicolás Maduro, con su negativa a declarar la crisis humanitaria, está comprometiendo el futuro del país porque de continuar esta crisis los jóvenes de las próximas décadas serán unos seres humanos famélicos, sin mayores capacidades.

Malhadada revolución que lo que ha traído es hambre pareja al pueblo venezolano.

Nota al margen: Este cronista, todavía se rebana los sesos para entender qué pasó en este país, aparte de los más de nueve millones de venezolanos que se negaron a ir a votar en las elecciones del 15 de octubre, para que un gobierno maloliente y hambreador como el de Nicolás Maduro, conquistara 18 gobernaciones, cuando todo hacía presagiar, por la grave crisis económica, por el hambre, por la inseguridad, por el colapso de los servicios públicos y todo un rosario de males, que las perdería todas.

Por Emiro Albornoz

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