Hablemos de política: Primavera, por Luis Prieto Oliveira

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(03 de mayo de 2017. El Venezolano).- La creciente protesta del pueblo venezolano en todo el mes de abril, mes tradicionalmente señalado como el inicio de la primavera, ha culminado con una inopinada declaración de quien pretende ser el presidente de Venezuela, mediante la cual expresa su decisión de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente sui generis, hecha con 50% de representantes de las instituciones creadas por y para los chavistas y 50% electos regionalmente, de acuerdo con un criterio sectorial que garantizaría que grupos compuestos por la militancia chavista copara el resto de la mal llamada Asamblea Nacional Constituyente. Esta declaración marca el final de la pretensión democrática sobre la cual se sustentó la “Revolución Bolivariana” y abre las puertas a un período duro y cruento de desobediencia cívica e insurrección popular.

 

La naturaleza creó un orden climático en el cual el equinoccio que sigue al que marca la noche más larga del año, corresponde al día en el cual la noche y el día tienen igual duración y se lo llama de primavera. En los países septentrionales (o del hemisferio norte) se inicia el 21 de marzo y termina el 21 de junio. Tradicionalmente es un tiempo de renacimiento, después de los rigores del invierno, los árboles recuperan sus hojas, las flores proliferan y las pasiones se inflaman. Caracas fue, en otros tiempos, conocida como la Ciudad de la Eterna Primavera, por su clima bonancible y la plétora de flores que la adornaban.

Sin embargo, como acostumbramos en este espacio, no nos ocupamos de la astronomía, o de las ciencias que estudian el clima, sino de los fenómenos del alma y la mente del hombre que gobiernan su conducta política. En el lenguaje común de la política, la primavera también ha adquirido connotaciones muy especiales desde que, el 18 de marzo de 1871 se inició la Comuna de París, que se prolongó hasta el 27 de mayo de ese mismo año. Ese movimiento populista, que inspiró a los socialistas utópicos como Proudhomme, Saint Simon y otros, además de provocar críticas de Marx y Engels, ocurrió precisamente en primavera. Casi cien años después, en mayo de 1968, el mismo Paris fue el escenario del levantamiento estudiantil más poderoso conocido hasta entonces, que estuvo a punto de derrocar el gobierno de Charles de Gaulle y eventualmente lo obligó a retirarse. Más recientemente, en Túnez se inició la llamada Primavera Árabe, que arrasó con las dictaduras de ese país y también de Libia y Egipto, marcando el inicio de lo que hoy se conoce como la Guerra Civil de Siria.

Por esas razones históricas, la primavera se ha convertido en un tema obligado de quienes, como nosotros, estamos empeñados en crear y mantener un movimiento de oposición a las intenciones neo fascistas de los comunistas post soviéticos. Ahora, después de muchos años de prédica, han madurado las condiciones para promover una protesta masiva contra la dictadura encabezada por Nicolás Maduro. Durante el largo gobierno de su predecesor, la abundancia de recursos permitía paliar las condiciones de vida con un conjunto de prestaciones monetarias que mantenían a millones de personas afectas como un ejército de reserva para dominar las elecciones. El avance de la inflación, combinada con la escasez de alimentos, medicinas, productos de aseo personal y doméstico, así como también la creciente descomposición moral que genera un incremento inaguantable de los desmanes de bandas criminales que se doblan como colectivos cuando el gobierno las llama para reprimir a los opositores, junto con la frustración de los anhelos democráticos de quienes eligieron a la actual Asamblea Nacional, creó las condiciones propicias para la generalización del clima de protestas.

Por otra parte, la artificial división de los venezolanos por razas o por sectores sociales antagónicos, ha fracasado, porque los supuestos beneficiarios del chavismo son ahora damnificados de su propia tempestad, debido a que no se dieron cuenta de que la revolución, como Saturno, está condenada a devorar a sus propios hijos. La pauperización progresiva y generalizada de los sectores de la clase media, la desaparición de cerca de 500 mil empresas de diversa índole y tamaño, que proporcionaban empleo estable y buena remuneración, ha dejado a los trabajadores en manos de neocapitalistas que ahora, sin ningún freno moral, ni sanción legal, proceden a su antojo a negar los derechos que los trabajadores se ganaron por sus esfuerzos de muchos años.

La educación ha sido abandonada en todo lo que no sea propaganda descarada de valores superfluos, no existe un verdadero sistema de salud, porque los médicos han sido sustituidos por empíricos formados por internet que no llegan a tener los conocimientos necesarios de un auxiliar de enfermería, los hospitales están deteriorados, no existen medicinas ni insumos y los trabajadores se quejan de incumplimiento de las cláusulas básicas de su contratación colectiva.

Los servicios públicos se encuentran en fase de enfermedad terminal: los acueductos están casi destruidos, no hay presión de agua para garantizar el servicio en ciudades como Caracas, con un relieve complicado, las cloacas no han sido atendidas y se generan desbordes de aguas negras muy frecuentes. Las calles, avenidas, autopistas, puentes y alcantarillas pluviales, las obras de estabilización de taludes, han sido abandonadas, convirtiendo al transporte de bienes y personas en actividad de alto riesgo, por la presencia de poderosas bandas de facinerosos que asaltan y matan a los conductores.

Venezuela, durante la tan calumniada “cuarta república” había alcanzado un nivel de autoabastecimiento de más de 75% de los bienes de consumo, ahora no existen estadísticas, pero la composición de las famosas cajas del CLAP, en las cuales todos los alimentos son importados, nos dan la indicación de que la producción nacional ha desaparecido, si no nos convence la imagen de fincas otrora productivas y hoy abandonadas, fábricas donde se han robado hasta las paredes de los galpones, empresas quebradas por la competencia de un gobierno miserable que prefiere importar, para aprovechar en su beneficio las trampas del control de cambio y del sobreprecio.

El timbre de orgullo nacional, la Industria Petrolera Nacionalizada en 1976, que llegó a ser una de las empresas petroleras integradas más importantes y productivas, es hoy una ruina, que importa gasolina, gasoil y otros hidrocarburos que debían salir de las refinerías destruidas por la desidia y la ignorancia. Las plantas eléctricas, las líneas de transmisión de alto voltaje y las subestaciones de distribución, están semi abandonadas, aunque el gobierno se llena la boca hablando de una inversión de 30 mil millones de dólares, que nadie sabe dónde está.

En general, estos 18 años de revolución bonita han hecho el milagro de una Venezuela fea, salvaje y empobrecida, donde la gente busca comida en la basura, los niños mueren por desnutrición y las mujeres prefieren esterilizarse y no sufrir la angustia de encontrar alimento para sus hijos. Para usar una referencia literaria, a las que mis lectores están acostumbrados “Este es el invierno de nuestro descontento” , como nos dijo Shakespeare en Ricardo III, y ahora, después de esta horrible temporada, ha llegado la primavera, para sembrar nuevas ilusiones y para arrancar de cuajo las raíces de todo el mal que hemos recibido.

Frente a la criminal intención de Maduro y de sus amos cubanos, de eliminar de nuestra memoria colectiva el sistema electoral para sustituirlo por una dictadura descarada y criminal, tenemos que unirnos, por encima de nuestras diferencias temporales, para plantar cara a quienes quieren completar la subyugación de nuestro pueblo. Debemos hacer resistencia activa, constante y enardecida, para derrotar, con las manos, con palos, piedras y cuanto tengamos al alcance, a todos aquellos que se empeñan en destruirnos, sin saber que la brasa de la libertad vuelve a encender los fuegos y no hay diluvio que la apague. En este sentido debemos recordar, aunque pueda parecer inoportuno, el poema de Mao Tse Tung  “una sola chispa puede incendiar toda la pradera” y la nuestra, que es fuego del corazón no puede ser apagada por gases venenosos, ni por rinocerontes, ballenas y otras bestias feroces.

Por: Luis Prieto Oliveira

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