Hablemos de Política: El Perro, por Luis Prieto Oliveira

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Referencial / Reuters

(07 de junio de 2017. El Venezolano).- “Muerto el perro, se acaba la rabia”, nos proclama un viejo refrán popular, pero al contemplar la situación actual de Venezuela, aunque sabemos que el perro ya ha sido condenado a muerte por sus múltiples tropelías, nos queda la incógnita de cómo se canalizará la rabia. Esa es la tarea ingente que rebasa los límites de la actual generación y requiere el concurso de múltiples grupos que aporten experiencia, fuerza y decisión. De la unión de todos estos actores, que no siempre han coincidido, depende el futuro de la nación

Estamos transitando la décima primera semana de rebelión civil en Venezuela, y conste que digo rebelión y no protestas, porque la naturaleza del conflicto y la manera como se han incorporado las diversas regiones del país, así como la amplitud de las razones para mantenerse en la calle, otorgan a los acontecimientos que han venido siendo objeto de la crónica nacional e internacional, una connotación trascendente, que va mucho más allá de lo improvisado, para adquirir un carácter de movimiento concertado de las generaciones que han sido afectadas por una crisis general del modelo de país.

Chávez y el agotamiento del modelo petrolero

Todos sabemos, por los resultados, que el intento iniciado por Chávez, de implantar un nuevo modelo de país, fracasó rotundamente, porque, a pesar de destruir todas las instituciones del país y subvertir el orden histórico de la nación, todos sus esfuerzos yacen hoy en el piso, derrotados por una realidad que supera las expectativas de sus ideólogos. Por supuesto, Chávez surgió como una reacción extrema al agotamiento del modelo de país presentado por los fundadores de Acción Democrática entre 1931 y 1936, como alternativa al modelo gomecista. El llamado modelo petrolero cumplió un largo proceso y generó niveles de bienestar altos, creación de una clase media fuerte y diversificada, urbanización del país, elevación del nivel educativo y mejoras en el ambiente habitacional.

Sin embargo, a partir de crisis petrolera de 1983, con la consiguiente fractura de los esquemas programáticos de los llamados partidos del estatus, se inició una espiral política impulsada, fundamentalmente por el crecimiento incontrolado de la marginalidad urbana y la despoblación del medio rural. Los partidos políticos, aún cuando fueron advertidos, se enfrascaron en una lucha puramente electoral, sin aportar elementos adecuados para proyectar al país hacia la superación de la dependencia del petróleo

Chávez fue una reacción extrema, revulsiva, de la sociedad venezolana, para buscar un nuevo camino. En cierta forma, surge como una especie de recurso mágico, para introducir cambios necesarios en la estructura política. Sin embargo, con él, como jefe de un grupo militar conspirador, complotado con los remanentes del movimiento guerrillero de extrema izquierda, comprometido plenamente con los lineamientos del Foro de Sao Paulo, llegó al gobierno un grupo que no tenía la preparación necesaria para plantear un cambio real y profundo del modelo de país.

Soluciones viejas para un mundo nuevo

Los últimos 18 años, que de manera providencial otorgaron al país una última bonanza petrolera, contemplaron el más absurdo desastre político de nuestra historia. El uso indiscriminado del lumpen como forma de controlar a una clase media poderosa, abrió las puertas, junto con alianzas políticas trasnacionales, a una sociedad desestructurada y amorfa, en la cual un populismo totalitario se nutrió de los recursos de todos para crear una nueva y más nociva burguesía parasitaria, coaligada con los aspectos más deleznables del narcotráfico y con la activa penetración del régimen cubano, que se agarró a la riqueza venezolana como un ahogado que trata de salvarse, aunque para ello tenga que hundir a quien pretende salvarlo.

La copia del modelo cubano, totalmente improductivo y esencialmente dictatorial, ha generado una situación para la cual no hay futuro. Ha fracasado, por imposible, el ideal de unificar a ambos países, como lo soñó Fidel Castro desde la década del 50 y que lo llevó a enviar tropas cubanas a luchar contra el gobierno, desde unas guerrillas formadas por diletanttis, razón por la cual fue expulsado del concierto latinoamericano. Las soluciones de economía centralizada, al estilo estalinista, que han fracasado una y otra vez en todo el mundo, una vez más han demostrado su obtusa terquedad en querer que el mundo se adapte a un modelo absurdo e inhumano.

El mundo de hoy, dominado por la tecnología de la información y la comunicación, orientado hacia la globalización, rechaza las soluciones del nacionalismo decimonónico y las del marxismo fracasado, por ello este gobierno es absolutamente inviable.

Una larga y tensa espera

En estos últimos dos meses y medio se ha venido desarrollando un drama que no sólo ha causado casi 80 muertes y 2 mil heridos, sino también un resquebrajamiento terminal de la estructura política del régimen castro-chavista, que cada día suma los nombres y presencias de figuras de su entorno que abandonan el barco, ante la escora cada vez más peligrosa de la amenazada embarcación. Las calles en casi todas las ciudades del país, donde reside cerca de 87% de la población, se llenan cada día de miles de hombres y mujeres que han adoptado la lapidaria frase de Bolívar: “Prefiero una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila”, sobre todo porque el régimen actual ni siquiera puede garantizar una esclavitud tranquila, porque depende de un ejército de delincuentes que mantienen intranquilos a los “burgueses” para obligarlos a emigrar, como ya lo han hecho cerca de 3 millones de venezolanos (cerca de 10% de la población).

El gobierno recurre a la represión más cruel y descarada, mientras el pueblo se vuelca en las calles, dispuesto a inmolarse para recuperar un sentido mínimo de dignidad nacional y de esperanzas. Para muchos, sobre todo los que portan gorras y franelas rojas, la resistencia se agotará frente a la férrea represión armada, pero las multitudes, aunque no crecen, tampoco se reducen, y hablan de una disposición como la de los judíos en Massada, a morir luchando o triunfar. Es muy difícil que quienes luchan como mercenarios puedan resistir la presión inquebrantable de quienes saben que es su vida y futuro lo que están en juego, por ello no tenemos dudas de que la victoria final está más cerca de lo que creemos.

Pero, ¿qué pasará el día después?

El chavismo ha actuado como un ejército extranjero de ocupación, que sabe será expulsado más temprano que tarde y se ha trazado la conocida táctica rusa de la tierra arrasada, de manera que cuando pierdan el poder, dejen a su enemigo una nación destruida. Tenemos que estar preparados para una eventualidad que es muy real. Un gobierno que sustituya al actual tendrá que organizar, posiblemente de antemano, un programa de auxilio de emergencia, que pueda suplir alimentos, medicinas, insumos hospitalarios e incluso combustibles, si acaso el gobierno estadounidense suspende la importación y exportación de hidrocarburos desde y hacia Venezuela.

Sin embargo, esta operación hay que encararla con espíritu de paracaidistas, es decir, cayendo y corriendo, en el plano de la ocupación de las estructuras de gobierno, con planes y programas de emergencia y recordar lo que le ocurrió a Lenin el 10 de noviembre de 2017, cuando ordenó al ejército rojo que buscara a los empleados públicos en sus casas y los obligara a ocupar sus escritorios, porque nadie sabía cómo manejar los asuntos cotidianos de la burocracia. Además, tiene que haber equipos de especialistas que tracen planes de corto plazo para resolver problemas ingentes de financiamiento, reorganización, enjuiciamiento de quienes resulten culpables de delitos graves y atención de los problemas políticos.

No es poco el trabajo que nos espera, y debemos estar listos para hacerlo, sin indebidos protagonismos, ni aspiraciones desmedidas.

Por Luis Prieto Oliveira

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