Hablemos de política, la confluencia, por Luis Prieto Oliveira

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Foto: referencial

(21 de febrero de 2017. El Venezolano).- Como en los antiguos cantos de gesta, las fuerzas y poderes se están sumando del lado del bien y la justicia y en contra del crimen y el delito. La dictadura, como ha ocurrido en diversos sitios y épocas, se envalentona, pero ya no tiene el poder para defenderse de un pueblo entero que no puede olvidar ni perdonar sus maldades y traiciones.

Venezuela vive hoy una de las horas más duras y difíciles de su historia, porque el período de bonanza, las vacas gordas que José le predijo al faraón, terminaron, y ahora vivimos el tiempo de las vacas famélicas, ya no hay recursos en el tesoro nacional, aunque los delincuentes que han esquilmado al país para labrar su desvergonzada fortuna, no tienen ya la capacidad real para impedir la caída de su gobierno traidor.

Si revisamos la historia de otros países y momentos, encontramos que, con frecuencia, por aquella razón que los filósofos llamaban la aversión al vacío, se va formando una confluencia de fuerzas disímiles, que van coincidiendo en cerrar los caminos en el plano de la economía, la política y las alianzas internacionales. Cada día que pasa nos trae nuevas y alentadoras informaciones acerca de nuevos alineamientos y manifestaciones que vienen de muy diversas fuentes.

Los bastiones tradicionales del régimen, como Unasur, el Caricom, la Opep, han comenzado a mostrar su desagrado con las medidas desesperadas con las que pretenden los defensores de la ciudadela sitiada, dar muestras de solidez y coherencia. Gobernantes y gobiernos que, durante años mostraron lealtad y entusiasmo ante el Socialismo del Siglo XXI, ahora comienzan a dar muestras de una sensatez que antes nunca tuvieron.

Las vías de la corrupción

 En otros de los artículos que hemos publicado en estas páginas, describimos algunos de los mecanismos de corrupción y financiamiento irregular, basados en transferencias unilaterales hechas desde y por el régimen venezolano, con destino a gobernantes y partidos afines en el continente, cuyo objetivo era ganar votos en la OEA o en otros organismos multilaterales. A esto se añaden las corruptas corrientes de contratos otorgados a firmas que no tenían la intención de ejecutar las obras contratadas, sino recibir regalías que serían transferidas a amigos y gobiernos, en una maraña de lavado de dinero y complicidad en actos de corrupción.

Pero en fechas recientes hemos visto cómo progresa la persecución contra empresas como Odebrecht y otras que irán surgiendo, el enjuiciamiento de algunos narcotraficantes, que han añadido ladrillos a la pared de escoria que cubre al régimen venezolano y la persecución de quienes han sido identificados como parte de los mecanismos irregulares de financiamiento del enriquecimiento ilícito, legitimación de capitales y ayuda masiva a organizaciones terroristas árabes, comprometidas en una lucha por destruir la civilización occidental y los valores que la sustentan.

La actitud del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y de algunos gobernantes latinoamericanos, ha ido avanzando en una definición del régimen venezolano como profundamente antidemocrático, violador de los derechos humanos, involucrado en actividades flagrantes de financiamiento irregular de gobiernos y partidos extranjeros.

Algo similar se está viendo en Europa y Estados Unidos y ya solo los gobiernos de China y la Unión Soviética parecen defender al régimen. Seguramente estos últimos actúan de esta manera porque tienen acreencias ilegales, cuya recuperación sería problemática en caso de sustitución de los actuales gobernantes por un sistema democrático y respetuoso de las leyes y tratados internacionales.

Las coincidencias internas

Venezuela, que rechazó toda su tradición democrática para entregarse en manos de un inescrupuloso líder militar autoritario, golpista y comprometido con la causa comunista, tardó muy poco en darse cuenta de su error, como se demostró el 11 de abril de 2002, cuando más de un millón de personas en las calles obligó a la renuncia de Chávez, sólo para ser traicionados por militares que comenzaron actuar como hienas que pelean por los despojos. Luego, a medida que los rasgos distintivos de ese régimen se fueron haciendo evidentes, los grupos opositores buscaron unirse y superar sus tradicionales desconfianzas mutuas.

Esta unidad, que comenzó a forjarse en el 2006, siguió fortaleciéndose y obligó a Chávez a crear nuevos mecanismos de compra de votos y fraudes masivos para lograr triunfos discutibles en 2012 y 2013, pero la confluencia popular condujo a una resonante victoria en diciembre de 2015 que la llevó a controlar las dos terceras partes de la Asamblea Nacional.

Sin embargo, en fuerzas que no tienen coherencia doctrinaria sino coincidencias tácticas, es normal que se produzcan desviaciones y desacuerdos, pero estas están limitadas a sectores dirigentes, cuyas ambiciones no guardan proporción con sus recursos reales. Por esa razón es indispensable reprogramar la alianza opositora, dotarla de elementos tácticos y estratégicos suficientes para alcanzar la meta inicial de rescate de la democracia y sus instituciones.

Un viejo dicho norteamericano nos dice que “la política produce extraños compañeros de cama”, porque muchas veces, para lograr un objetivo importante hay que crear alianzas en las cuales, como dijo alguna vez Rómulo Betancourt, “hay que entrar con el pañuelo en la nariz”. Por eso, porque no se trata de ganar un cónclave cardenalicio para elegir un papa, sino de una contienda sucia y llena de peligros, es indispensable abrir las puertas e inducir, mediante adecuados estímulos, a algunos personajes que aceleren la huída de las ratas del barco que se hunde. Sabemos que son ratas con una dosis adicional de inteligencia, con una moral deplorable, pero si tratamos de arrasar con todos los enemigos de nuestra democracia, reforzaremos sus vínculos y produciremos su fortalecimiento.

Aquel que sabe que lo van a fusilar de todos modos opone más resistencia que el que cree en una posible sobrevivencia. En este momento, uno de los objetivos tácticos debería ser crear una imagen de desmoronamiento progresivo y acelerado de las filas de paniaguados del régimen, porque ello aumentaría las presiones sobre las estructuras de poder, sobre todo porque la carga de delitos cometidos los hace pensar en la posibilidad de que en su huida, para pagar el pasaje en el barco de rescate, puedan echar al agua a sus antiguos amigos y cómplices.

Si vas a recorrer un camino lleno de trampas y culebras venenosas, es preferible tener como baqueano a alguien que conozca bien la topografía de los parajes peligrosos y no a un corro de carmelitas descalzas, aunque ello te conduzca a vecindades poco envidiables. Ese es el precio que hay que pagar para obtener resultados en un tiempo más corto, porque cada día adicional nos cuesta muchas muertes y sufrimientos.

Busquemos la confluencia de fuerzas internas y externas para dar el salto hacia el futuro, aunque para ello debamos recordar a Maquiavelo en aquello de que el fin justifica los medios. También tenemos que tener presente el hecho de que somos nosotros los que tenemos que provocar la salida del régimen, los foráneos nos ayudarán sólo si nosotros estamos ayudándonos. La consigna tiene que ser: “Nos vemos todos en la calle”.

Luis Prieto Oliveira / (lprieto34@gmail.com)

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