Hablemos de política: ¡Me planto!, por Luis Prieto Oliveira

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Referencial

(26 de abril de 2017. El Venezolano).- Los que siguen los acontecimientos venezolanos en la prensa y los medios radioeléctricos no dejan de sorprenderse por la valentía desplegada por quienes se oponen, a riesgo de sus vidas, a las hordas asesinas que obedecen al tirano. Cada día, cada minuto, surge un nuevo héroe, alguien cuyas acciones se roban la admiración de quienes piensan que la vida ordinaria no merece poemas épicos. Sin embargo, la lucha cotidiana de millones de madres para conseguir los alimentos, pañales, medicinas y hasta agua y electricidad para sus hijos, implica situaciones en las cuales ponen en riesgo sus vidas, y lo hacen sin quejarse, como si no se dieran cuenta de que están dejando pegados en las alambradas del odio, girones de su vida y de su esperanza.

Los observadores, por muy fuertes que sean sus motivaciones, posiblemente no se dan cuenta de que en Venezuela ya no existen vidas ordinarias, sino que todo un pueblo está secuestrado por una caterva de asesinos, que lo mantienen luchando a brazo descubierto simplemente para sobrevivir. No entienden que las madres despiden a sus hijos en la mañana y no saben si los volverán a ver con vida, que las personas regresan a sus casas, golpeados, saqueados y sin su carro, y exclaman, ¡ Me asaltaron, pero por lo menos estoy vivo!. Miles de personas han estado luchando contra un régimen criminal y un gobierno corrupto e ineficiente. Este número ha crecido a medida que la “revolución” revela sus verdaderas intenciones.

En los años iniciales, los opositores eran tan pocos que los llamaban escuálidos desde el Gobierno, mientras el gobernante reunía a su alrededor a centenares de miles de seguidores, pero en menos de cuatro años se había acabado la luna de miel y más de un millón de personas marchando y la decisión de los militares de no masacrar al pueblo, llevaron al derrocamiento del presidente. Para cambiar esa actitud, desde Cuba se trazó un plan de acción que se basaba en el uso masivo de los excedentes de ingreso en la dotación de subsidios materiales a la gente, para que no trabajaran, con lo cual destrozaron la estructura del empleo y obligaron a la quiebra de empresas y a la ocupación forzosa de fincas y fábricas. El socialismo de miseria se instaló en Venezuela y generó una cultura de corrupción nunca antes vista en un país con larga historia de ladrones en el gobierno.

La oposición política, cuando el Gobierno recibió cerca de un billón de dólares por concepto de exportaciones de petróleo, sin que sobre él se ejerciera ningún control fiscal o revisión de cuentas, generó una lucha casi suicida, para organizar al pueblo y fue avanzando en organización, intención y resultados. En 2006 se logró el primer intento de Unidad con la candidatura de Manuel Rosales y en febrero de 2010 se fundó la Mesa de Unidad Democrática (MUD) que llevó a mejorar las posiciones electorales y ganar un número apreciable de alcaldías y gobernaciones. A partir de entonces, la lucha organizativa y de penetración mediática de la oposición se redobló, las primarias presidenciales de la oposición llevaron a la designación de Henrique Capriles, Gobernador de Miranda, como candidato unitario y a la presentación de una tarjeta unitaria.

La lucha incesante de la oposición y la implosión del seudo programa de la dictadura, al caer el precio del petróleo en 75% respecto a 2012 y, por ende una caída vertiginosa de los recursos disponibles para importar alimentos, medicinas e insumos industriales, ha conducido, de manera ineluctable a una situación en la cual más de 80% de la población rechaza al Gobierno actual. El pueblo concentró sus esperanzas en la realización de un referendo revocatorio, que debía haberse realizado en el cuarto trimestre de 2016, y para el cual se recogieron firmas suficientes, de acuerdo a lo previsto en la Constitución. Sin embargo, diversas maniobras absolutamente ilegales negaron esta oportunidad, que habría ahorrado un considerable número de muertes, torturas y presos.

Frente a esta situación la MUD y los partidos que la conforman, decidieron trazar un calendario de protestas populares, perfectamente armónico con la situación espontánea de quienes sufrían cada vez más penurias. Este es el origen de lo que ha venido ocurriendo desde el comienzo de abril y de lo que ahora se ha convertido en una rebelión popular, amparada en la declaración de la Fiscal General, en el sentido que las sentencias dictadas por la Sala Constitucional del TSJ, constituían una interrupción del hilo constitucional y, de hecho, tipificaban un golpe de estado.

Ahora se presenta un panorama muy complejo y difícil de resolver, porque centenares de miles de personas en todo el país están dispuestas a seguir en las calles, protestando y resistiendo las embestidas de fuerzas represivas del gobierno y la acción criminal de bandas paramilitares armadas y propiciadas desde el poder, que han causado ya cerca de 30 muertes, varios centenares de heridos y lesionados y miles de ciudadanos detenidos, algunos de los cuales han sido sometidos a torturas o tratos inhumanos e ilegales.

A medida que esta lucha avanza y se profundiza, el régimen, clara y definitivamente identificado como una dictadura, va siendo acorralado por una situación para la cual no tiene soluciones. La gente, en las calles de todo el país, ha iniciado lo que se llama “El Plantón”, que consiste en que las personas permanecen, en actitud pacífica, en las calles más importantes de todas las mayores ciudades durante largas horas, manifestando su apoyo a las peticiones presentadas por la MUD y que se condensan en cuatro consignas: elecciones generales ya, reconocimiento de las potestades constitucionales de la Asamblea Nacional, liberación de los presos políticos y eliminación de las inhabilitaciones ilegales y apertura de un canal humanitario que alivie la aguda escasez de alimentos y medicinas

Maduro y su gente han comenzado a ofrecer elecciones de gobernadores, pero sostienen que el único partido habilitado para participar es el PSUV, puesto que los partidos opositores, según ellos, no alcanzaron las firmas necesarias para legalizar su funcionamiento. Pero las apuestas de la oposición parecen destinadas a subir y el gobierno no tiene manera de cumplir con estas sencillas peticiones sin perder el poder, con lo cual sus personeros quedarían expuestos a la persecución internacional de delitos de lesa humanidad, de jurisdicción universal y carácter imprescriptible. Al salir del territorio nacional estarían sometidos a la justicia universal. Debemos recordar lo ocurrido con el dictador Augusto Pinochet, de Chile, cuando fue detenido en Inglaterra por acusaciones de crímenes de lesa humanidad. A los venezolanos partidarios de la dictadura, quien lo duda, los esperan calabozos, aunque mucho menos siniestros que los que ellos usan para castigar a sus adversarios.

Para usar una expresión del juego, el pueblo está plantado y la casa debe seguir dándose cartas y corre un riesgo muy alto de pasarse y perder su apuesta y todo lo que han logrado acumular a lo largo de estos casi 19 años.

Por Luis Prieto Oliveira

 

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