Hablemos de historia venezolana: Recuerdos y Esperanzas, por Luis Prieto Oliveira

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(31 de mayo de 2017. El Venezolano).- Aunque la situación actual de Venezuela es angustiosa y nos tiene a todos sus hijos sentados en la orilla de nuestras sillas, siguiendo informaciones cada vez más alarmantes acerca del desastre en el que ha sido convertido nuestro país, o en las calles, combatiendo con heroísmo inédito, a fuerzas criminales, formadas por soldados mercenarios, delincuentes sacados de las cárceles, pandillas paramilitares, que actúan con impunidad para intentar sojuzgar a quienes claman por el cumplimiento de sus derechos fundamentales, consideramos que es necesario buscar en la historia del país, situaciones en las cuales se ha arrancado la victoria de las fauces de la barbarie.

Escribo estas líneas en el día que los Estados Unidos consagra al recuerdo de aquellos que han caído en la lucha por la libertad y la defensa de su patria, por eso considero oportuno y necesario hablar de lo que han sido las tradiciones de nuestro pueblo y las gestas gloriosas en las que se ha involucrado en momentos decisivos de nuestra historia de medio milenio.

Un siglo de desastres

Mariano Picón Salas, uno de los más brillantes intelectuales de la Venezuela del siglo XX, nos descubre que el siglo XX en nuestro país comenzó con 35 años de atraso, y los responsables de que esa centuria marcara sus primeros hitos fueron los estudiantes de la Universidad Central, que aprovecharon la celebración de la Semana del Estudiante y elección de la reina de carnaval, en febrero de 1928, dando origen al movimiento político que 17 años después terminó la etapa de los generales andinos. El 14 de febrero de 1936, la muerte del estudiante Eutimio Rivas a manos de la policía provocó, en una ciudad que apenas superaba los 120 mil habitantes, la manifestación política más grande que se recuerde, con un estimado de 40 mil personas en todas las calles colindantes y cercanas a la Plaza Bolívar, lo que causó la puesta en marcha del llamado Programa de Febrero, que llevó al gabinete a hombres de la talla de Rómulo Gallegos y Enrique Tejera y condujo al primer triunfo electoral fulgurante de la izquierda, que ganó 14 de las 16 curules de concejales de Caracas.

Se abrieron nuevos caminos

En 1945, la alianza de un grupo militar con la recién nacida Acción Democrática introdujo las primeras verdaderas reformas democráticas del país, con el voto universal, directo y secreto para todos los venezolanos mayores de 18 año, sin distinción de sexo o nivel de escolaridad. Se aprobó una Constitución que introdujo las ideas y necesidades de la gente común y se establecieron principios de redistribución del ingreso, mejora de la salud y otros. En 1948 un golpe militar derrocó a Don Rómulo Gallegos. La nueva dictadura redujo la velocidad de cambio social y aumentó la concentración del ingreso.

En la década dictatorial hubo miles de presos políticos y también de exiliados. La resistencia, como se llamó al movimiento político de oposición, sufrió persecución, torturas y asesinatos, a manos de una siniestra organización llamada Seguridad Nacional. Los estudiantes, desde los liceos hasta las universidades, tuvieron una participación muy activa. Para comienzos de 1958, poco antes de la caída del dictador Pérez Jiménez, se calcula que había unos 10 mil presos políticos y cerca de 20 mil exiliados.

Un testimonio personal

De una manera u otra, mis recuerdos personales incluyen gran parte de los acontecimientos de los últimos 80 años, en algunos casos he sido parte de ellos, en otros, testigo y algunas cosas las recibí de quienes estaban allí. Por eso tengo ahora la capacidad para comparar lo que ocurrió en aquellos años, con lo que acontece ahora. En primer lugar la dictadura de Pérez Jiménez afectó directa y personalmente sólo a los políticos del centro e izquierda y persiguió, mató y martirizó únicamente a los miembros de los partidos Acción Democrática, Comunista, Unión Republicana Democrática y Copei, el resto de la población estaba aislado de esta situación y posiblemente no la percibió. Venezuela era un país en rápida expansión, que sufría, como en muchas otras etapas de su historia, de una gran corrupción, pero el gobierno robaba y mataba, pero no era cómplice de los delincuentes comunes.

A partir de 1952, con el asesinato de Leonardo Ruiz Pineda, la resistencia entró en una fase crítica, porque los sistemas de inteligencia eran muy eficientes y descubrían, con relativa facilidad a quienes complotaban contra ese régimen. Cárceles, penitenciarías y campos de concentración estaban repletas y era muy frecuente que salieran del país vuelos especiales con ciudadanos a los que se condenaba al destierro. Es bueno que sepan que durante esos años, cualquier venezolano que estuviera fuera del país por más de 90 días, debía obtener una visa de reingreso, y había listas actualizadas con los nombres de quienes no tenían ingreso permitido.

En 1956 comenzó a fraguarse un movimiento de convergencia democrática que tuvo una de sus primeras expresiones con una reunión de dirigentes de AD en San Juan de Puerto Rico, en la que se establecieron las bases de lo que se llamaban acciones coincidentes. A finales de ese año, Luis Herrera Cámpins publica un folleto llamado Frente a 1957, en el que plantea diversos escenarios de lo que podría ocurrir. De acuerdo con quienes estaban al frente de la resistencia, los años entre 1954 y 1956 fueron trágicos, porque casi todos los dirigentes experimentados cayeron presos y los estudiantes asumieron la dirección.

En mayo de 1957 se publica la Carta Pastoral de Monseñor Arias Blanco, Arzobispo de Caracas, con motivo del 1º de Mayo, en la que incide sobre la situación de los trabajadores y la restricción de libertades. En junio de ese mismo año se establece la Junta Patriótica, formada por representantes de AD, URD y COPEI, que comenzó a coordinar actos de protesta y agitación. En octubre, los estudiantes del Liceo Fermín Toro, salen a la calle, encabezados por su reina, y en pleno Silencio protestan contra la dictadura. Esta manifestación inusitada generó una gran conmoción y dio origen a toda la estrategia frente al plebiscito planteado para reelegir al dictador. Diversos grupos de oficiales de baja y media graduación comenzaron a reunirse para conspirar y comenzó una vigilia, sobre todo para quienes estábamos desterrados en países como México, Costa Rica, Argentina, Chile y España.

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La Noche Buena de Año Nuevo de 1957, apenas pasada la medianoche se produjeron dos movilizaciones militares contra la dictadura, una del Batallón Blindado del Cuartel Urdaneta, en Catia, bajo las órdenes del Coronel Hugo Trejo y otro de oficiales de aviación, comandados por el Comandante Martín Parada. Ninguno de ellos tuvo éxito, pero crearon un clima de agitación que comenzó a ser cotidiano, a medida que pasaban los días había más manifestaciones y las presiones de la oficialidad obligaron a Pérez Jiménez a destituir y sacar del país al siniestro Director de Seguridad Nacional, Pedro Estrada y al ministro del Interior, Laureano Vallenilla Lanz, los acontecimientos se aceleraron y encadenaron hasta que el 22 de enero se inició una huelga nacional, que asumió un poder extraordinario cuando los bancos se sumaron a ella. Esa misma noche Pérez Jiménez abandonó el país, con tanta celeridad que dejó abandonado en La Carlota un maletín con más de 2o millones de dólares en efectivo y valores, pero también chequeras y estados de cuenta, que luego sirvieron como pruebas en el juicio de extradición que lo llevó a Venezuela años después.

Todo esto que he relatado brevemente tiene como objetivo transmitirle a mis lectores una idea de lo que fue ese período de casi 8 meses que duró el proceso que abrió de nuevo las puertas de una transformación democrática. Hubo una negociación entre militares y ellos llamaron a algunos civiles, no vinculados con la resistencia partidista, para integrar una Junta de Gobierno, en la cual se colaron dos oficiales identificados como cómplices del dictador. Ese mismo 23 de enero, el pueblo en la calle los hozo expulsar ignominiosamente del gobierno provisional.

Por eso hay que tener fe, confianza y resistencia, porque va a ocurrir un nuevo milagro y, con la gente motivada, en la calle, no vamos a dejar que de nuevo que esta dictadura, mucho más dañina y cruel que la que termino en 1958, sobreviva con infiltrados.

Por Luis Prieto Oliveira.

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