Gotas de opinión: Necromadurismo, por Antonio Urdaneta Aguirre

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Referencial / Prensa Presidencial‏

(24 de mayo de 2017. El Venezolano).- Venezuela ha sido una especie de caldo de cultivo para las usurpaciones. Casi todo el siglo XIX y parte del siguiente estuvieron plagados de usurpadores.Y el siglo XXI despertó con un usurpador a cuestas. Me refiero al nefasto teniente coronel golpista, quien, con un truculento proyecto político perfectamente concebido para apoderarse del país, estuvo al frente de un poder usurpado durante catorce años.

He afirmado esto desde el mismo momento en que el susodicho, sin facultades constitucionales, convocó un referéndum consultivo, incluso carente de regulaciones, con el propósito de que el pueblo aprobara la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Eso fue lo que el ya usurpador en potencia le hizo creer a la gente. El Consultivo se realizó, y más del 75% de los electores inscritos en el Registro Electoral Permanente le dio la espalda, bien absteniéndose o negando la proposición de aquel malnacido pichón del nacismo.

Sin escrúpulo alguno y con la anuencia de resentidos “constitucionalistas”, convocó la Constituyente, cuyo apoyo tampoco alcanzó ni siquiera el 30% del total nacional de los electores. Pero el degenerado y sanguinario castrense se hizo de un suprapoder en menos de un año. En este infeliz desenlace tuvo mucha culpa el liderazgo político democrático de entonces. Unos porque se abstuvieron de actuar como correspondía, como lo exigía la ruptura del orden constitucional, y otros porque se plegaron calculadamente al usurpador. Hoy todo el pueblo sufre las consecuencias, y hasta paga con su vida las omisiones de la dirigencia política democrática de aquellos días aciagos para la democracia.

El usurpador murió y dejó un “heredero en el trono”, el cual inició sus ilegítimas funciones con un acto de usurpación, precisamente. El 10 de enero de 2013 el usurpador de turno se encontraba gravemente enfermo, y esto le impidió asumir el cargo, también inconstitucional según el artículo 6 de la Carta Magna (violación de la alternabilidad), producto de una segunda reelección. Ante la imposibilidad del dictador con capucha de demócrata, de tomar posesión, le correspondía hacerlo al Presidente de la Asamblea Nacional. Sorpresivamente el Tribunal Supremo de Justicia, en una de sus más flagrantes violaciones constitucionales, cambió el texto de la Constitución para que el Vicepresidente Nicolás Maduro continuara sus funciones. Así se inaugura en el poder el nuevo usurpador, quien sería proclamado Presidente de la República por el Consejo Nacional Electoral, tres meses después. Ese fue el resultado de un proceso electoral fraudulento, salpicado de tantas irregularidades, que desde entonces a Maduro se le considera ilegítimo en el cargo. Es decir, se convirtió en usurpador de una autoridad también usurpada.

Lo demás es historia reciente: inseguridad; desmantelamiento del aparato productivo, tanto en el campo como en la industria; secuestro de todos los poderes públicos y control de las instituciones claves como la Fuerza Armada Nacional y el Banco Central de Venezuela, por ejemplo; hambruna nacional; persecución, cárcel, exilio y muerte a sus opositores; un servicio diplomático desastroso; asedio permanente a los gobernadores y alcaldes que le son adversos; un sistema de salud colapsado y carencia casi total de medicinas. Y para sentirse más cómodo ahora hiere, atropella y asesina a quienes, a pesar de lo sanguinario del régimen, se atreven a protestar por todas las calamidades antes señaladas. Por eso se comenta ampliamente en la calle, que estamos viviendo el período más oscuro de nuestra historia. Ya el pueblo le puso nombre: necromadurismo.

Vale recordar que Maduro sólo tiene cuatro años como usurpador. En ese tiempo jamás ha podido entender lo que lee en la Constitución. ¡Es obvio que así ocurra! Como debe llenar esa laguna, entonces se ha hecho rodear de “constitucionalistas” mercenarios, que interpretan la Carta Magna según las instrucciones del necromadurismo.

Por Antonio Urdaneta Aguirre

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