Gotas de Opinión: Los otros animales sí divierten, por Antonio Urdaneta

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Referencial

(31 de agosto de 2017. El Venezolano).- Todo lo que ocurre con la hegemonía mediática del régimen, hace pensar que Nicolás Maduro es asesorado por un cerebro nazi experimentado. Me cuesta creer que ese cráneo saturado de perversidades nacistas sea un periodista. Dudo de que un profesional de la comunicación se preste para semejante acción criminal, porque es un crimen mentirle cien veces a la gente, para mostrarle una realidad que sólo existe en la capacidad de manipulación de una cúpula política entrenada para arruinar a un pueblo, como es lo que sucede en Venezuela.

Dudo, y tengo razones para ello, de que ese cerebro nazi sea Ernesto Villegas: pienso que un hijo de Cruz Villegas jamás cumpliría un papel tan indigno, y menos aún, tratándose de un periodista. Descartado el nombre de Ernesto y el de cualquier periodista sobrio, entonces habría que ubicar al craneofascista en otro segmento profesional. En este caso, sí se podrían encontrar serviles a disposición de Nicolás Maduro.

Se supone que la persona contratada para el trabajo sucio de las mentiras y las tracalerías del régimen, es uno de esos supuestos notables, mercenarios agazapados que actúan como puentes entre Maduro y los titulares de los otros Poderes Públicos secuestrados por el Ejecutivo. Al cerebro nazi hay que buscarlo entre los inconstitucionalistas que planificaron la “constituyente”. Es decir, el parapeto que pretende utilizar Maduro como un consejo de inquisición. ¡Al respecto podrían surgir varios nombres, pero debe ser uno que sea más aficionado a los dólares que otro! ¿Lo podría identificar usted, amigo lector?

Era necesario desnudar un poco el cerebro nazi antes de recordar que somos un país arruinado, sumido en una tragedia que pocos pueblos han padecido. Esa tragedia es la que pretende ocultar Nicolás Maduro, pues sabe, porque se lo dicen en su cara sus propios cómplices, que él, Maduro, es el culpable de todas las calamidades que estamos sufriendo. Incluso, sobre él pesa la culpa de lo que el dictador ha denominado “guerra económica”.

Es el régimen quien controla toda la economía, la pública y la privada. El dictador tiene los dólares y él los distribuye a su antojo. Es él quien ha creado varios parapetos para importar alimentos y medicinas. Es él quien condiciona el ejercicio privado de la economía. Es él quien les arrebata la producción a los empresarios para preparar las “bolsas del hambre”, nombre que el pueblo le ha dado a los CLAP.

Frente al panorama, del cual el dictador Maduro es prisionero, él aspira que los mercenarios que indignamente le sirven, sin respetar la inteligencia de los venezolanos, inventen “imágenes de bienestar”, a objeto de que la gente crea que vive en el país de las maravillas. Lamentablemente para Maduro y sus cómplices mercenarios bien tarifados, todas sus tracalerías mediáticas son inoficiosas, porque su audiencia es inferior al 8%; ni siquiera el total del bajo porcentaje de apoyo popular que le atribuyen, los ve ni los escucha.

¿Qué hace la gente, cuando Maduro aparece en la pantalla de un televisor? Simplemente sintoniza canales en los cuales presentan programas donde los protagonistas son los animales. Estos otros especímenes de la fauna universal, a pesar de sus limitaciones para comunicarse, sí ofrecen alternativas que divierten y enseñan. Sin duda, un antídoto para el aburrimiento que genera Nicolás Maduro, mientras usurpa el derecho a la información veraz y oportuna que tenemos los venezolanos.

Por Antonio Urdaneta.

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