Gotas de opinión: Entre la indignidad y la gloria, por Antonio Urdaneta Aguirre

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Referencial

(27 de julio de 2017. El Venezolano).- El 23 de enero de 1958 los militares venezolanos recuperaron honor y prestigio que les habían legado los más grandes libertadores de América del Sur. Ese día se quitaron de encima todo el peso de las dictaduras decimonónicas que los agobiaban. Esa gloriosa fecha para la democracia de Venezuela y del resto del continente, quienes sí eran soldados de la patria, decidieron ponerle fin a la última tiranía que habíamos padecido hasta entonces.

Varios intentos de los enemigos de la libertad para restablecer las pesadillas dictatoriales, fueron abortados entonces por la institución castrense. Entre 1958 y 1998, por lo menos seis asonadas golpistas fueron enfrentadas exitosamente por los hombres de uniforme. Los trasnochados herederos de las dictaduras eran sometidos y reducidos a la mínima expresión, cada vez que asomaban la cabeza. Los últimos eventos de corte antidemocrático y de tendencia totalitaria, encontraron heroica resistencia en el seno de nuestras Fuerzas Armadas Nacionales. Tales eventos se produjeron ambos en 1992, liderados por un oscuro Teniente Coronel, acompañado por un grupito de oficiales facinerosos, quienes se vieron obligados a rendirse; vale recordar que los insurrectos incluso pretendieron cometer un magnicidio y asesinar a la familia presidencial. ¡La acción criminal la deben todavía!.

Otro acontecimiento que puso a prueba el espíritu democrático e institucional de nuestros militares, sin lugar a dudas, fue la aparatosa derrota que les infringieron a Fidel Castro y a su corrupta camarilla, quienes tuvieron la osadía de invadir a Venezuela incursionando por Machurucuto. El coraje y el patriotismo de nuestros soldados, en los años sesenta, se pusieron de manifiesto y la democracia se empinó para consolidarse.

Estas breves historias hablan por sí solas de la dignidad y el honor de aquellos militares, quienes asumieron con entereza la defensa de un sistema democrático que, en esencia y acción, constituía un modelo político antagónico al militarismo que prevaleció desde 1830 hasta el 23 de enero de 1958.

En 1999, bajo un disfraz de demócrata, producto de elecciones generales, libres, universales, directas y secretas, asume el poder el militar que había liderado las intentonas golpistas de 1992. Tan pronto como se posesionó le dio una voltereta al sistema democrático vigente en aquellos días; empezó a preparar el terreno para convertirse, por la vía electoral manipulada, en el peor de los ideólogos dictatoriales.

He así como Hugo Chávez, engaño tras engaño, promesa tras promesa, se adueñó de todos los Poderes Públicos, corrompió intencionalmente a los militares de su entorno oficial y se erigió como uno de los autócratas más perversos de nuestra historia republicana. Se enfermó gravemente y pidió a sus correligionarios que, de producirse su muerte, le permitieran a Nicolás Maduro continuar el desarrollo de su antidemocrático y delincuencial proyecto.

Asumió el heredero al morir el Teniente Coronel y activó lo que el difunto dejó como modelo de gobierno: un folleto denominado “Plan de la Patria”. Nicolás Maduro, dadas sus limitaciones para gobernar, se hizo rodear de ambiciosos y ya corrompidos castrenses. Estos ni cortos ni perezosos, han conducido al país por la vía del militarismo, lo cual ha puesto en alto riesgo el prestigio y el honor que el pueblo les atribuía a nuestros hombres uniformados. El país entero está hoy a punto de execrar para siempre al estamento militar, pues responsabiliza a la Fuerza Armada Nacional como principal culpable de la tragedia que estamos padeciendo los venezolanos.

Pero llegó el momento crucial para los garantes del buen uso de las armas de la república. Se acercan otras jornadas cívicas, pacíficas, constitucionales y democráticas del pueblo. Cuando esto ocurra, será la oportunidad para que los militares honestos, institucionalistas y patrióticos se reencuentren con sus semejantes civiles. Su dilema es lapidario. Tendrán que escoger entre la indignidad y la gloria: se anotan con el régimen o se unen a las luchas del pueblo. Deberían recordar que la obediencia a ciegas les traerá consecuencias individuales muy graves. ¡Que Dios ilumine a nuestros militares!

Por Antonio Urdaneta Aguirre

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