Freud versus Karl Marx, por Héctor de Lima

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Foto: Referencial

(08 de enero de 2016. El Venezolano).- La primera vez que presentí que el marxismo era una doctrina equivocada, ocurrió cuando contemplé las estatuas de la Plaza de las Tres Gracias a la salida de la puerta sur de la Universidad Central de Venezuela. Todas las mañanas pasaba por allí camino a mi facultad de Ingeniería y confieso que me deleitaba y llenaba de regocijo contemplar las tres ninfas semidesnudas que me recordaban que algún día una chica así sería para mi.

De cierto modo, la presencia de esas esculturas jugaba un papel en mi sensualidad que me incitaba a estudiar con mayor empeño el cálculo diferencial y a descifrar los insondables lineas de la geometría descriptiva. En mi caso, las teorías de Freud se cumplían cabalmente. Mi sensualidad, esos deseos de hacer el amor con la hembra más bella me impulsaba a realizarme, a buscar el dinero y el poder.

Las teorías socio económicas de mis amigos marxistas de la universidad, se estrellaban contra el hecho consumado que las aspiraciones de clase del hombre, no provenía de una relaciones de producción, sino del simple y universal deseo de aparearse con la mujer y para ello se requiere de la admiración y el reconocimiento que da el dinero y el poder. Por eso y solo por eso, tal vez me gradué de Ingeniero Mecánico con buenas notas en Cálculo y Mecánica Racional.

Para los que creen que el IQ mental está en relación directa con la inteligencia y la habilidad matemática, es porque no han experimentado los agudas necesidades de la líbido en busca de su propia realización. Más vale una libido erguida y orgullosa en los vericuetos sensoriales de la mente y el poder del raciocinio, que un IQ flácido representado por una cifra onerosa.

Es necesario admitir que los deseos sexuales impulsan a los humanos al estrellato. El propio Marx estaba derrotado si creía que el hombre estaba limitado a ser un ente de trabajo atrapado en las redes de las relaciones de producción. Freud demostró que el ser humano era pasión, sexo, caricias, realización sexual del hombre y la mujer en la loable búsqueda de la continuación de la especie. Es decir la vida atropelló a Marx, a quien le creció la barba, mientras su mujer languidecía esperando que algo no tan voluminoso como el Capital, acariciara sus sueños de mujer.

La prueba más fehaciente de la validez de Freud sobre las teorías de Karl Marx lo constituye la famosa carta que Marx envía a su amada amante Jenny von Westphalen el 21 de Junio de 1856. En ella escribe:

Querida mía:

”De nuevo te escribo porque me encuentro solo y porque me apena siempre tener que charlar contigo sin que lo sepas ni me oigas, ni puedas contestarme. Por más malo que sea tu retrato, me sirve perfectamente, y, ahora, comprendo por qué hasta las “lóbregas madonnas”, las más imperfectas imágenes de la Madre de Dios, podían encontrar celosos y hasta más numerosos admiradores que las imágenes buenas. En todo caso, ninguna de esas oscuras imágenes de madonna ha sido tan besada, ninguna ha sido mirada con tanta veneración y enternecimiento, ni adorada tanto como esta foto tuya, que si bien no es lóbrega, sí es sombría, y en modo alguno representa tu hermoso, encantador y “dulce” rostro que parece haber sido creado para los besos. Te veo, te siento toda delante de mí, como de carne y hueso, el falso y vacío mundo se forma una idea superficial y equivocada de las personas…

Mas adelante Marx se queja que sus enemigos lo hayan tildado de “primer galán de un teatro de segunda categoría” porque esa carta vio la luz pública en un periódico de la época, aunque le confiesa a su amada que en realidad si es un galán aunque “Si esos canallas tuvieran siquiera una gota de sentido del humor, habrían garrapateado en el anverso “relaciones de producción y cambio” y en el reverso me habrían dibujado postrado a tus pies,

Romántico Carlos Marx. Repito: “Te escribo porque me encuentro solo y porque me apena charlar contigo sin que lo sepas, ni me oigas, ni puedas contestarme.. Parecido a un poema de Neruda.

Esta carta es un reconocimiento de que más podían las teorías Freudianas en el comportamiento humano, que las teorías fallidas de Carlos Marx sobre el capital y el trabajo. Lo que impulsaba a Carlos Marx a escribir esa larga perorata que produjo tantos locos en el mundo, era ni más ni menos que sus inhibiciones sexuales por una mujer a la que poseyó quizás pocas veces en la oscuridad de su estudio, a escondidas de su esposa y con la cual “hablaba a solas a la luz del quinqué y el humo del tabaco”…

Lo más revelador sin embargo es cuando menciona que sus enemigos se burlan diciendo que podría “valer como primer galán en un teatro de segunda categoría” debido a esta carta que salió al escarnio de la opinión pública y donde el dice que deberían colocar en la foto “relaciones de producción y cambio” sobre el corpiño de ella, refiriéndose posiblemente al cambio que logró su amante sobre su persona por cuanto produjo una hija y en el anverso dibujarlo a él rendido a los pies del útero de su amada- sin duda alguna dueña de la relación de producción de hijos e hijas que su amigo Engels tuvo que mantener. Esta carta es la prueba categórica que Marx escribía impulsado por una pasión sexual que lo consumía. Si después de estas vehemencias pasionales no escribía los voluminosos legajos del Das Kapital, habría tenido que masturbarse tantas veces como besos le daba al retrato de su amada.

Por Héctor de Lima

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