Final de las Farc: adiós a la guerra vs paz social

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Foto: Referencial

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(13 de septiembre de 2016. El Venezolano).- Desde hace mucho tiempo en Colombia todo el mundo quiere la paz, pero no es por todos interpretada de la misma manera. La realidad de los grandes centros urbanos es una. Cuando se pregunta en las calles, lo recurrente es escuchar “queremos que se acabe la guerra”, como sinónimo de ver a los grupos armados salir de la selva abandonando las armas, pero al entrar en las montañas y ver que la mayoría de las comunidades depende de mulas porque casi no hay carreteras para transportar rápidamente insumos básicos o, en el mejor de los casos, de lanchas que atraviesan los ríos, entonces la frase cambia totalmente. En estos lugares, la gente responde: “Queremos paz social”, reseñó Xlsemana.

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En un municipio del departamento occidental del Cauca, una maestra de primaria hace su mayor esfuerzo para enseñar a sesenta niños en solo un aula las materias de seis grados distintos. No cuentan con infraestructura y nos explica que muchos no asisten porque muchas veces no tienen transporte para llegar. La asistencia sanitaria prácticamente no existe; los centros de salud rurales carecen de personal constante que los atienda. A pesar de sus riquezas naturales, Colombia es uno de los países con mayor desigualdad del mundo, el tercero después de Haití y Honduras en el continente americano. Según refleja el Banco Mundial en su informe de este año, en Colombia el 10 por ciento de la población más rica del país gana cuatro veces más que el 40 por ciento más pobre.

El Cauca se sitúa en el nudo de la cordillera andina del Macizo Colombiano. Allí nacen las cordilleras central y occidental de Colombia. Es uno de los bastiones históricos de la guerrilla, donde ejerce su poder el Bloque Occidental Alfonso Cano, escenario de grandes enfrentamientos con la fuerza pública. En esta región, los servicios básicos son muy precarios. El comercio, la ganadería y la agricultura son las actividades económicas más importantes. De estas destacan los cultivos de café y maíz, que han sido desplazados por los cultivos ilícitos, ya que los campesinos ven en ellos mayores oportunidades de negocio y no sienten la presencia del Estado para la explotación comercial de estos productos.

En el departamento del Cauca, la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga estima que, además de las plantaciones de marihuana en el valle, existen alrededor de 3326 hectáreas de coca y se estima que en estas montañas se encuentran los cultivos más grandes de esta planta en Colombia.

Conflicto de viaja data

Los orígenes de esta guerra interna se remontan a 1948, al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, candidato liberal a la presidencia. Su muerte desencadenó duros enfrentamientos entre liberales y conservadores, que se extendieron por todo el país, lo que se denominó el ‘periodo de la Violencia’, liderado por grupos de autodefensas campesinas con pensamiento liberal que más tarde se convertirían en comunistas. En 1964, los soldados tomaron la población de Marquetalia, un refugio de aquellos revolucionarios que contaba con su propia organización de gobierno. Quienes resistieron el ataque se reorganizaron en guerrillas móviles que dos años más tarde dieron paso al nacimiento del Bloque Sur de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Entre los campesinos que huyeron de la ofensiva se encontraba Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, quien se convertiría en el jefe máximo de la organización.

Desde entonces, este conflicto armado -el más antiguo de América Latina- ha dejado más de 220.000 muertos y decenas de miles de desaparecidos, desplazados, huérfanos e incontables consecuencias para la vida de los civiles, que siempre han sido los más vulnerables.

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En las montañas de Colombia, en los últimos días de las FARC como grupo armado, se respira optimismo. Aquí, en el emblemático municipio Buenos Aires Cauca, hace pocas semanas Pablo Catatumbo, Marco Calarca y otros negociadores de La Habana han realizado jornadas de pedagogía para la concienciación de los combatientes para la vida civil. Carteles pintados a mano se ven por los caseríos. “Soldados somos del mismo pueblo. No soy tu enemigo FARC-EP”.

Ceder territorios

La discusión sobre la reincorporación de la guerrilla a la vida civil acaba de empezar y es uno de los puntos que más se debaten y mayor preocupación genera. Muchos de estos hombres y mujeres no tienen otra familia que sus compañeros guerrilleros, no conocen otra forma de vida, ni siquiera han pisado alguna zona urbana de Colombia. Lo cierto es que muchos de los combatientes aspiran a seguir viviendo en los llamados ‘Territorios Especiales para la Construcción de la Paz’; allí quieren seguir trabajando con la comunidad y desarrollando proyectos productivos que les garanticen una solvencia económica para su futuro. “Queremos seguir manteniendo una forma de vida campamentaria, adaptada a lo civil”, apunta Paola, una guerrillera.

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La pregunta es dónde vivirán. Hasta el momento se sabe que, una vez transcurridos 180 días después de firmar el acuerdo de paz, las FARC dejarán de existir como organización armada y pasarán a ser un partido político. El cronograma está claro. Durante esos seis meses, las FARC vivirán en las zonas de ubicación. Pero lo que no está claro es dónde vivirán desde el día 181 después de la firma.

Algunas voces de la sociedad colombiana consideran que deben ser sectores dispersados, que la reintegración sea similar a la de los paramilitares. Alonso -un guerrillero que formó parte del Movimiento M19 en los años ochenta- nos cuenta que, tras la desmovilización y al ver que los resultados no eran los esperados, prefirió enfilarse en las FARC. “La experiencia nos dice que debemos aprender de los errores del pasado y tenemos que seguir unidos por la paz”, dice.

Los guerrilleros veteranos sostienen que se abre una nueva era para Colombia. Creen que el movimiento ha evolucionado para la desmovilización hacia la política. Y su propósito es ocupar finalmente cargos de elección popular.

La organización solo será reconocida como partido político cuando deje las armas. Dispondrán de cinco escaños en el Senado y de otros cinco en la Cámara. Las FARC también han prometido salir del negocio del narcotráfico, su principal fuente de financiación, a cambio de promesas de desarrollo rural.
“Estamos buscando la paz social de la igualdad, pero no nos vamos a desmovilizar”, comenta. “Solo estamos adoptando una nueva forma”, agrega Pacho Quinto, otro de los comandantes del Frente.

Oposición al tratado de paz

El expresidente Álvaro Uribe, líder del partido opositor de derechas, pide el ‘no’ en el plebiscito sobre el acuerdo de paz alcanzado con las FARC porque considera que da “impunidad” a los guerrilleros y que “premia al terrorismo”.

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Los sondeos de opinión muestran que existe una gran proporción de votantes indecisos ante el referéndum que se celebrará el 2 de octubre y la popularidad del presidente Santos se ha deteriorado, a pesar de lo cual el acuerdo se considera un logro para la historia. Pero las partes implicadas parecen decididas a llegar hasta el final. En el pronunciamiento del cese definitivo al fuego emitido desde La Habana por Rodrigo Londoño, alias Timochenko, aseguró que “las rivalidades y rencores deben quedar en el pasado. Hoy más que nunca lamentamos tanta muerte y dolor por la guerra”. Y finalizó. “Se acabó la guerra, convivamos como hermanos y hermanas”.

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