Venezuela es el país rico más pobre del mundo

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Referencial

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(23 de mayo 2016. El Venezolano).-  A lo largo de los años, desde la instauración de esta “revolución” cuyo real protagonista fue Hugo Chávez Frías, muchas han sido las historias, que desde el mismo momento de asumir la presidencia de la República en 1999, se empezaron a escribir.

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Paraíso para algunos, desdicha y desasosiego para muchos, pues hoy por hoy la historia cuenta la frustrada realidad de un proyecto que ya al nacer lo hizo con ciertos defectos que con el devenir de los años desató la epidemia más grande de la historia, inseguridad, corrupción, pobreza y hambre.

Tal como escribió Dante, en la divina comedia, “La vía recta estaba perdida”, y es que como publicó El Pais, los venezolanos somos una amarga paradoja: el país rico más pobre del mundo. Cegado por esa fortuna que nos cayó del cielo, creyendo siempre que las vacas gordas son eternas. El boom se desinfló. La lluvia de petrodólares ha cesado. Otra vez. Como en los años ochenta, cuando un presidente asumió el poder advirtiendo que recibía “un país hipotecado”. Estamos tan arruinados que da coraje. En la peor bancarrota que hayamos vivido jamás.

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Los ingresos –96 de cada 100 dólares provienen de la exportación de crudo– ya no alcanzan para seguir importando el 70% de lo que comemos, la gran mayoría de las medicinas y mil cosas más. Hemos pasado de la abundancia a la tragedia de tener que vagar de comercio en comercio olfateando alguna presa, de salir de la farmacia con un nudo en la garganta y las manos vacías.

Cinco horas después de haber llegado, Amarelis sale, molesta, con dos kilos de leche en polvo. No más. El viernes pasado no consiguió nada regulado. “No tengo arroz, ni harina, ni pan, ni café. Estamos desayunando con cazabe [galleta de harina de yuca]. ¿Tú crees que eso es justo?”, exclama explosivamente, ajena a las lecciones de su Jehová. Ya Él entenderá que su oveja lleva demasiados meses en ese suplicio.

El Gobierno atribuye la escasez y la inflación, que en 2015 llegó al récord histórico de 180,9%, a una guerra económica del imperialismo. Y la oposición responsabiliza al Gobierno. Pero ni las explicaciones más sesudas de los economistas sirven de alivio a la mayoría de los 30 millones de venezolanos que se empobrecen vertiginosamente.

Tal es el caso de Belkys Márquez, tiene 4 hijos, de entre 6 y 14 años. Trabaja de cajera en un banco. Es de ese tipo de personas que siempre sonríe cuando habla. Salvo cuando cuenta, con cierta vergüenza, que ya no puede cenar porque la comida no alcanza. Tres de cada 10 venezolanos están en la misma dieta forzosa. El 13,4% come una vez al día y solo el 53% puede hacer las tres comidas. Eso revela un sondeo realizado por el Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD) en abril y divulgado en la prensa local.

El salario mínimo –que ha aumentado, por decreto, un 50% en lo que va de año– resulta realmente mínimo comparado con la inflación de los alimentos: 254,43% en un año (septiembre de 2014-septiembre de 2015), según el Banco Central. Belkys gana 501,6 bolívares diarios más 664 de bono de alimentación: 1.165 bolívares diarios. Es lo que vale una arepa con queso en la calle. En total, 33.636 bolívares mensuales, unos 27 euros en el mercado negro.

Minúsculo también frente al costo de la canasta alimentaria básica, que incluye 58 productos para una familia de cinco miembros, y en marzo pasado costaba 142.853 bolívares (más de cuatro veces su ingreso actual).

Ese precio es inaccesible también para muchos profesionales de clase media, médicos, abogados, ingenieros. El sueldo diario de un profesor universitario, con doctorado en Columbia, equivale a tres cervezas.

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