Elijamos a los mejores, por Antonio Ricóveri

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Composición El Venezolano

Composición El Venezolano

(28 de noviembre de 2015. El Venezolano).- Faltan exactamente ocho días para el compromiso electoral más decisivo de los últimos años. Ese día tendremos la oportunidad de decidir entre dos propuestas de país claramente definidas: Una que representa lo que hoy tenemos —caos, inoperancia, falsedad, corrupción y deshonestidad— y otra que se compromete a restablecer el orden, las buenas costumbres, la institucionalidad, la eficiencia y a reactivar el motor del país (el comercio y la industria).

Y le pregunto entonces a aquellos coterráneos que aun albergan dudas sobre a quién apoyar electoralmente: ¿Cree usted que los actuales gobernantes del oficialismo (léase: presidente, gobernadores, ministros, diputados, alcaldes) se han caracterizado por su intelecto, sapiencia, erudición, ilustración, sabiduría y conocimiento técnico a la hora de tomar sus decisiones?

¿Qué consecuencias ha traído para el país que en algún momento la mayoría (creyendo en cantos ditirámbicos) haya votado por indoctos y bodoques?

¿Acaso basta con decir que fulanito “es del pueblo” para que sea garantía de una mejor gestión? (Lo cual me recuerda la frase acuñada por el filósofo griego Apeles: “Zapatero a su zapato”) ¿Es una falacia afirmar que Venezuela ha estado por más de 17 años en manos de ignaros, legos, y profanos, verdaderas “caricaturas” de la representación popular?

Siguen, entonces, interrogantes rasgando el cielo patrio… ¿A qué se parece lo que hoy tenemos como gobierno? ¿A una monarquía tiránica? (pues los jerarcas del poder se comportan como los reyes déspotas de los siglos XVI y XVII)

¿Acaso estamos ante una plutocracia? (porque innegablemente el poder está en manos de unos “nuevos” ricos) ¿O es esto una “democracia” tiránica? (aclarando, que en un inicio la palabra “tirano” designaba a una persona o grupo que usurpaba el poder de manera ilegal, y hoy en día se le da una connotación de abuso de poder o de ejercicio cruento del poder).

Queda muy claro que lo que hoy llamamos política “revolucionaria” va mucho más allá en cuanto a mal proceder, por lo tanto resulta urgente y perentorio propiciar un cambio de rumbo en la próxima contienda electoral.

El punto es, amigo lector, que para que nuestros objetivos políticos se concreten y trasciendan, debemos primero, trascender nosotros mismos.

Es decir, que en lo que resta de campaña nuestro accionar debe ir mucho más allá de lo elemental, debe sobrepasar nuestras propias expectativas, y debe elevar nuestro entusiasmo, esfuerzo de lucha y activismo hasta niveles siderales (si es que realmente queremos un “cambio”).

Y llegado, entonces, el momento de ejercer nuestro derecho, pregunto… ¿Basta solo con ir a votar o se trata de “elegir”?

Porque hay una diferencia… Cuando elegimos conocemos bien las opciones. Elegir es un acto de nuestra voluntad (y no producto de una manipulación).

Cuando elegimos nos jugamos el ser y nuestro ser va de por medio en nuestra elección. Votar es simplemente manifestar una preferencia (a veces inducida).

Por eso le recomiendo, amigo lector, que cuando usted llegue a la máquina de votación para “elegir” a los próximos diputados, primero, póngase la mano en el corazón (por el amor que siente por su país) y segundo, active su parte racional, porque es necesario y urgente escoger a los mejor preparados, a los más ilustrados, a los más honestos, y a los más comprometidos con la democracia y con todo ese mar de libertades que ella representa.

Así de simple.

Por Antonio Ricóveri / El Tiempo

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