El valor de la palabra, por Antonio Urdaneta

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(04 de diciembre de 2017. El Venezolano).-  “Mi palabra es un documento”. Así se comprometían las personas honestas que conocí en mi infancia. Y cumplían al pie de la letra los convenios que hacían. Por supuesto también pude conocer personas a las que sus vecinos, sus compañeros de trabajo y hasta sus propios familiares calificaban como mentirosos. Estos nunca, ni ayer ni hoy han sido consecuentes con lo que prometen. Es esta la razón por la cual, en estos tiempos, los compromisos se hacen por escrito. Pero a pesar de tal previsión, los embusteros siguen siendo tan incumplidores  como antes.

Ahora podemos afirmar, casi sin posibilidad de equivocarnos, que el valor de la palabra, como todos los valores, en una virtud en proceso de extinción. Lamentablemente quienes más daño le han hecho al valor de la palabra, aunque parezca un contrasentido, son los dirigentes políticos; en especial los mentirosos, tracaleros y manipuladores. De modo que, al tratarse de políticos en campaña electoral, lo mejor es evaluarlos por sus hechos. ¡Como estamos actualmente en una campaña electoral, cuidado con esos candidatos que piden a los electores que confíen en su palabra!

La palabra de un candidato, cualquiera sea el cargo que aspire, si sólo está acompañada de la retórica pertinente, representa muy poco como promesa electoral. Esa palabra únicamente tiene significado, y es confiable, cuando adquiere fuerza y valor, si la persona que opta a un cargo de elección popular, en su hoja de servicio se registra obra trascendente y, además, se le conoce como un ciudadano luchador, decente, sensible en cuanto a las aspiraciones y necesidades de la sociedad y preocupado por el desarrollo de la región o comunidad a la cual está arraigado.

Al Estado Zulia, por esas arbitrariedades del régimen y de quienes, en nombre de éste, participan en el evento electoral que está en marcha, le fue arrebatado el Gobernador que elegimos el pasado quince de octubre. Los cómplices son bien conocidos, pero la ausencia de justicia que hay en el país, permite que un delito tan grave quede impune. De hecho, quienes violaron la Constitución y todas las leyes pertinentes continúan en altos cargos y, por supuesto, en plena libertad.

Corresponde de nuevo a los zulianos volver a votar para rescatar la gobernación que le pertenece a esta región. Será el diez de diciembre, el día que debemos aprovechar para decirle al centralismo: en el Zulia la democracia vive en la conciencia y en el corazón de los habitantes de esta tierra. Tenemos que hacerlo con nuestro voto; vamos todos a demostrarle al régimen usurpador y totalitario, que con nuestros votos defenderemos la zulianidad.

Votemos masivamente para que volvamos a tener el gobernador que necesitamos. Se trata de Manuel Rosales Guerrero, el mandatario regional cuya obra ha sido tan trascendente, que, a pesar de los intentos que han hecho los enemigos del Zulia para destruirla, nunca pudieron hacerlo. Porque los hechos que avalan a Manuel son de carácter perdurable. ¡En la palabra de Rosales, sí se puede creer!

Es una obligación ética, terminar con esta reflexión: los zulianos que, de verdad, amamos nuestra región, tenemos el reto de rescatar la Gobernación del Estado. Por consiguiente, debemos desconfiar de la palabra de quienes también son culpables de la tragedia que estamos padeciendo. ¡Que le cumplan su palabra a la cúpula del régimen que está matando al pueblo, a fuerza de plomo y hambre!

Por: Antonio Urdaneta / @UrdanetaAguirre

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