¿El último pataleo?, por Antonio Urdaneta Aguirre

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(10 de mayo de 2017. El Venezolano).- Nada más peligroso en un país sin Estado de Derecho, que los llamados “picapleitos”. En esta época yo los llamaría “buscapleitos”. Esta especie, se había extinguido a partir de la aparición de los profesionales del Derecho. Éstos han sido formados para la defensa y consolidación de la justicia. Pero cuando un titular de tal disciplina se desvía y se pone al servicio de las causas perversas propias de gobiernos autocráticos y corruptos, además del perjuicio que significa para el pueblo y sus instituciones, enciende el ventilador de su estercolada conducta, lo cual afecta al resto de abogados. Señalo tal circunstancia, porque éstos, masivamente, deberían organizarse en función de execrar a los desviados. Es obvio que esta minoría se corrompe irreversiblemente y se convierte en una mafia mercenaria, abundantemente monetizada.

Eso es lo que está ocurriendo en Venezuela con esos abogados que tienen casi dos décadas autocalificándose como supraconstitucionalistas. Se alquilan al mejor postor, es este caso a un gobierno que el pueblo dejó de repudiarlo para vomitarlo. Son así los tipos de nuevos “buscapleitos”, pero con un nivel superior al que tuvieron los anteriores. Es lógico suponer que esta claque de mercenarios es la que contrata un gobierno ilegítimo como el actual. Son ellos los que abusan de los atajos jurídicos que nunca faltan, para amparar a unos mandatarios como los que hoy han arruinado a Venezuela y tienen al pueblo muriéndose de hambre, sometido, además, a todo tipo de carencias. Si se fundamenta una primera conclusión en esa innegable realidad, habría que denunciar a esos mercenarios “supraconstitucionalistas”, como culpables necesarios de la tragedia que vivimos los venezolanos. Y como tales deben ser considerados cuando las fuerzas democráticas del cambio logren restituir el orden constitucional, de cuya ruptura se acusa a un grupo de Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y a la cúpula fascista y dictatorial del Poder Ejecutivo.

El ejemplo más elocuente es la pretensión de convocar a una supuesta Asamblea Nacional Constituyente, atribuyéndose facultades que están perfectamente definidas en la Carta Magna, según los cuales es el pueblo quien puede hacerlo. Y esto, además, cuando tan extremo recurso sea realmente necesario. Es evidente que actualmente existe una Constitución que contiene todas las previsiones para resolver la crisis con rostro de tragedia, que ya tiene a cientos de miles de familias hurgando los basureros públicos, para apropiarse de los residuos de alimentos, incluso en estado de descomposición. ¡Lo único que pueden llevar a sus hogares para comer aunque sea una vez al día!

Para los efectos del parapeto que pretende armar Nicolás Maduro y sus cómplices, los “supraconstitucionalistas”, más enredados que un kilo de estopa, hacen agónicos esfuerzos por hacerle creer al pueblo que, el susodicho Maduro, está por encima de los artículos 347 y 348 de la Constitución. Pugnan por promover a Nicolás como el “supralíder” del manejo constitucional. (¿Podrá ser útil? La palabra “iniciativa” sólo tiene tres sinónimos: idea, proyecto y propósito).

Afortunadamente el pueblo está en la calle reclamando el restablecimiento del orden constitucional. Y va a seguir en la calle, cada vez más decidido a liberarse del dictador. De modo que cualquier parapeto que la microminoría del gobierno imponga, de nada le servirá. ¡El pueblo los seguirá arrinconando! Y es hasta muy probable que el gobierno, ya inconstitucional, está haciendo uso de su último agónico pataleo. ¡Esto sí es verdad que sería la noticia del siglo!

Por: Antonio Urdaneta Aguirre / @UrdanetaAguirre

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