El mundo pende de dos voces, por Luis Prieto Oliveira

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Referencial

(28 de septiembre 2016. El Venezolano).- Aunque muchas voces disidentes no lo aceptan, el futuro del mundo se forja en la franja de costa que media entre los ríos Hudson y Potomac, es decir entre la ciudad de Nueva York y la de Washington. La primera, desde el distrito de Wall Street es responsable fundamental del clima financiero y, por derivación, de la temperatura económica del mundo, mientras la otra, capital de los Estados Unidos, es responsable importante de la temperatura política del orbe.

Por esa razón, esta campaña electoral, entre Hillary y Trump, es vista como si fuera doméstica en casi todas las latitudes de un mundo que se siente secuestrado por fuerzas contrarias a la convivencia humana y al progreso colectivo. Nombres como ISIS y Boko Haram evocan sentimientos de horror ante grupos que quieren imponer su parcialidad religiosa y política por encima de los ideales de paz y acuerdos que promuevan una sociedad en la cual los naturales conflictos puedan resolverse mediante amplias ententes que respeten los ideales democráticos.

La cita electoral de este año 2016 ofrece una situación casi única, porque los dos candidatos, que representan a los partidos tradicionales, Demócrata y Republicano, concitan más rechazos que aprobaciones. Por eso, el hecho de que cerca de 85 millones de telespectadores se conectaran a la transmisión del primer debate presidencial del lunes 26 de septiembre, celebrado en la Universidad Hoftra, de Long Island, New York, se considera como una situación que escapa a la comprensión. El señor Donald Trump, magnate de los bienes raíces y de los concursos de belleza, es el candidato republicano y cuenta con una proporción desfavorable de 68% de los electores, y la señora Hillary Rodham-Clinton, candidata del partido demócrata, recibe una cuota de desaprobación de 59%. ¿Acaso los seguidores del debate, en vez de querer ver victorioso a su candidato, más bien deseaban verlo derrotado?.

La verdad, sin embargo es muy diferente, los candidatos representan concepciones del estado, de la historia, la economía y la política diametralmente distintas y propugnan soluciones programáticas contrapuestas. No se trata, como en otras ocasiones, de matices y diferencias sorteables, sino del enfrentamiento entre un empresario inescrupuloso y enemigo de todo el establecimiento político, incluyendo al del partido que le confirió la candidatura presidencial y una mujer que ha hecho una carrera política de más de 40 años, y que representa, precisamente al mecanismo de conducción de la política norteamericana. Trump nunca ha actuado como representante de la voluntad popular y ahora quiere destruir o transformar toda la estructura legal y de gobierno.

Por su parte, Hillary Clinton, en el ejercicio de la Secretaría de Estado, ha sido acusada de diversas violaciones de seguridad, incluyendo el uso de computadoras personales para transmitir material secreto o confidencial, lo que ha puesto en peligro la seguridad del estado. Adicionalmente se la acusa de negligencia en el tratamiento del ataque perpetrado por grupos terroristas en el este de Libia, en el consulado de Estados Unidos en Benghazi, que causó la muerte del embajador y tres miembros de la misión estadounidense. Además ha sido pintada como una persona poco confiable y corrupta, sobre todo porque ha obtenido contribuciones cuantiosas para la Fundación Clinton, de empresas y países que obtuvieron favores diplomáticos y ganancias.

Sin embargo, los aspectos en los cuales se centran las críticas de Trump y sus seguidores se refieren a una supuesta pérdida del prestigio de los Estados Unidos, sobre todo porque recurre al camino de la negociación y la diplomacia y no al del uso indiscriminado del poder militar, también porque la laxa política de inmigración permite que terroristas musulmanes actúen con relativa libertad en territorio norteamericano. Las propuestas fiscales de Trump, similares a las que tradicionalmente apoya el partido republicano, implican reducciones de impuestos importantes en los estratos superiores para promover que filtre el ahorro adicional hacia los menos afortunados.

La posición de Hillary es coherente con las adoptadas tradicionalmente por los demócratas, es decir, promover el  crecimiento de la clase media, reducir los índices de desigualdad, aumentar el poder federal y reducir la injerencia de los estados en áreas estratégicas.

El debate tuvo momentos candentes con ambos candidatos aprovechando para interrumpir a su contrincante e introducir duras críticas. La señora Clinton demostró una gran calma y capacidad para resistir ataques vitriólicos y, al mismo tiempo, introducir elementos importantes que pueden descalificar a Trump como candidato. Sobre todo logró que el empresario revelara que su idea de las relaciones internacionales es realizarlas como uno de sus negocios, invertir poco y sacar el mayor provecho monetario. Plantea, por ejemplo, que las naciones que reciben protección de los Estados Unidos paguen el costo de esa protección. También lo puso a la defensiva en asuntos como su incumplimiento de contratos con empleados y proveedores y que en su contra hay, en estos momentos, más de 3 mil 500 demandas judiciales.

Trump atacó a Clinton en asuntos que han sido ventilados públicamente y llegó a decir que presentaría sus declaraciones de impuestos si Hillary presentaba los 33 mil correos electrónicos que borró de su computadora personal, implicando, de hecho, que existía una equivalencia entre ambas cosas. La respuesta de Hillary a este tema fue contundente, porque reconoció su error y asumió las consecuencias, mientras que el empresario al negarse a revelar sus declaraciones de impuestos no solo rompe una tradición de más de 40 años de que los candidatos hagan públicos esos documentos. Acusó a Trump de no pagar impuestos, a lo que el aludido respondió que eso era una táctica muy buena como empresario.

La puñalada final, casi una estocada en lo alto del morro, fue su alusión al tratamiento despectivo, vulgar que da a las mujeres y trajo a colación el caso de Alicia Machado, ex Miss Universo, a la que llamaba Miss Piggy y otros calificativos deprecatorios, Hillary acusó a Trump de misógino y de despreciar a las mujeres, incluso pagando sueldos menores a sus empleadas. Trump no pudo contestar y se lo notó muy alterado.

La conclusión, después de hora y media de debate, fue que Clinton había ganado el debate con una puntuación cercana a 65% contra 35% del republicano. En las encuestas electorales que se publican diariamente, Hillary ganó casi cuatro puntos porcentuales y afirmó la ventaja que mantiene. Sin embargo, aunque el nivel del voto es importante, en las elecciones estadounidenses no es decisivo, porque las elecciones presidenciales en este país son indirectas. El 9 de noviembre se votará por delegados de cada estado, cuyo número equivale al de la suma de senadores y representantes. El sistema asigna al ganador de cada estado la totalidad de los delegados, cualquiera que sea su ventaja. Las encuestas más recientes dan ventaja a Hillary en 25 estados con un total de 304 votos electorales, mientras Trump domina en 25 estados con un total de 234 votos, con lo cual, de acuerdo con el promedio ponderado de los expertos, Hillary Clinton será proclamada presidente el 9 de noviembre próximo, pero faltan dos debates y más de 40 días de campaña y en ese tiempo, cualquier cosa puede ocurrir.

Escrito por:  Luis Prieto Oliveira 

 

 

 

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