El ejemplo de Colombia a Venezuela, por Emiro Albornoz

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(03 de octubre de 2016. El Venezolano).- Lo sucedido durante el reciente fin de semana en Colombia, cuando parte de esa hermana nación acudió a las urnas para pronunciarse sobre el acuerdo de paz suscrito entre los representantes de las FARC, levantada en armas contra el gobierno colombiano desde hace más de cincuenta años, y el Presidente de Colombia Juan Manuel Santos, debe llamar la atención de los países del mundo que se siguen haciendo los locos con la grave crisis política, económica y social que vive Venezuela, devenida en crisis humanitaria y de salud que el régimen de Nicolás maduro se niega a declarar.

Que haya triunfado el NO ante el SI no es lo que pretendo analizar, sino el hecho de cómo en menos de un mes la república democrática de Colombia anuncia a la nación la realización de un plebiscito mediante el cual los colombianos se pronunciaran si aceptaban los términos del acuerdo firmado por su presidente con las fuerzas armadas revolucionarias de ese país, o lo rechazaban.

Y ese tiempo fue suficiente para que las autoridades electorales organizaran un proceso de consulta a la nación que tiene casi el doble de la mitad de habitantes que tenemos en Venezuela.

En nuestro país, unas autoridades electorales con el título de rectoras se han dado el lujo de tenernos en ascuas a los venezolanos que estamos exigiendo desde hace más de seis meses la realización de un referendo revocatorio, muy bien establecido en el artículo 72 de la Constitución, y no han hallado que tipo de obstáculos y de alambradas colocar en el camino a la realización de ese derecho.

Las fulanas rectoras, muy bien calificadas por el Presidente de la Asamblea Nacional como las comadres porque si algo hacen es servir de alcahuetas o celestinas al régimen de Nicolás Maduro para salvarlo de la segura derrota que le propinarían los venezolanos al votar masivamente para que abandone el poder, han violado y siguen pisoteando la Constitución de la República en sus actuaciones al frente de ese organismo que está hecho es para facilitar la expresión del pueblo venezolano en las urnas, y nunca para servir de soporte a un gobierno que, incluso, ha perdido su legitimidad de origen por sus prácticas antidemocráticas y dictatoriales.

En Colombia, como era de esperarse, surgieron los bandos a favor o en contra del acuerdo. Quienes propugnaban su aprobación, encabezados por el gobierno de Juan Manuel Santos, y los que lo rechazaban e invitaban al pueblo a votar en contra, liderados por el ex Presidente Álvaro Uribe Vélez.

El Gobierno colombiano no utilizó ( jamás lo permitirían) a las instituciones del Estado para que actuaran en favor del acuerdo con las FARC, ni mandó a perseguir y atropellar al ex Presidente Uribe y a sus seguidores porque propugnaban la negación del pacto en cuestión, como sí ha sucedido en Venezuela donde hay decenas de presos políticos y dirigentes perseguidos y hostigados por el “delito” de trabajar afanosamente en la realización del referendo revocatorio. Han llegado al colmo de sembrarle a varios líderes políticos de la oposición, hasta explosivos y otras evidencias de manera de acusarlos por la pretensión de realizar actos terroristas que ni los mismos capitostes del régimen se lo creen.

Con respecto a la derrota de Santos en su pretensión de lograr la paz para Colombia, se impuso más la emoción que la razón. Han sido más de cincuenta años de heridas y sufrimientos con millones de muertos y personas que injustamente pasaron buena parte de sus vidas secuestradas, apartadas de sus hijos, de sus familiares, de sus amigos, como el caso de Ingrid Betancourt.

Terminaron imponiéndose los resentimientos antes que la posibilidad de acabar con esa guerra inútil en la cual el único perdedor es el propio pueblo colombiano.

Hay que preguntarse si quienes votaron contra el acuerdo de paz, estarán dispuestos a coger un fusil e ir a las montañas a enfrentarse a los guerrilleros si decidieran iniciar nuevamente el conflicto armado que se encuentra suspendido en estos momentos y que, al parecer, están dispuestos a continuar en paz, en búsqueda de nuevas salidas a la confrontación.

Por Emiro Albornoz

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