Doña Elena culpa al Gobierno de su nieto Nicolás de la muerte de su hijo Aníbal, por José Vicente Antonetti

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Efe

(19 de julio de 2016. El Venezolano).- Por ahí leo que aparentemente doña Elena, la madre de Hugo Chávez culpa al Gobierno de su nieto Nicolás de la muerte de su hijo Aníbal. Reclamaría la señora la lentitud de reacción para trasladar a Aníbal a Cuba para que lo curaran. No sé si la queja que le atribuyen a la madre es cierta, pero quiero aprovechar la historia para ir al fondo de lo que está ocurriendo en Venezuela.

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Como la señora estaría viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, me parece útil regresar en la historia, para entender el presente.

Aníbal fallece de salmonella, enfermedad común, muy asociada al mal estado de los alimentos. Según leo, aunque puede ser mortal, como los hechos lo demuestran, no todo el que la padece se muere. Sin embargo, en la Venezuela del nieto, donde se come lo que se encuentra y como se encuentra, porque comida no hay, y donde la gente se muere porque no hay medicinas para tratarse, pues a Aníbal le tocó ser uno de tantos.

La doña se queja que el gobierno de su nieto, el hijo de Chávez, no se llevó a Aníbal para Cuba para que lo atendieran y me pregunto ¿a cuántos venezolanos de a pie, que también tienen madre que los quieren, les dan colitas en aviones del gobierno, para que los atiendan en otros países, con todo pago?.

Y la respuesta me lleva a entender que su hijo Aníbal hoy está muerto, porque su hijo Hugo estuvo vivo para ser Presidente.

Si Hugo no hubiera sido acomplejado, resentido y vengativo no habría dedicado su mandato a destruirlo todo. No se habría robado las tierras que producían comida, en abundancia y buen estado. No habría acabado con el sistema de salud privado y habría mejorado el público, sin correr a las empresas farmacéuticas y no escasearían los insumos médicos.

Y quizás Hugo no era culpable, quizás fue usted como madre que lo maltrató tanto, como siempre se ha dicho, que demasiado bueno le salió el muchacho. Por supuesto, en su casa no hubo valores como “el no robarás”, la tolerancia, el perdón, la misericordia.

Caramba, doña Elena, tan acostumbrada a que utilizaran los aviones del “grupo 4″ para que le llevaran peluqueros desde Caracas a Barinas, no entiende que su hijo Aníbal no es más que el hijo de cualquier otro, para que lo estén enviando a Cuba a que lo curen.

A propósito o no, en casa de doña Elena se crió un monstruo que tuvo la oportunidad de hacer mucho bien y escogió hacer mucho mal. Un monstruo que con absoluta facilidad vociferaba “exprópiese”, sin importarle a quién afectaba cada vez que lo decía y que, peor aún, ni siquiera pagaba. Un monstruo que expropió tanto, que sembró el hambre, la escasez y la crisis humanitaria que hoy, lamentablemente para ella y su familia, le costó otro hijo.

Un monstruo que nombró como heredero al ser más incompetente de todos: “Milton, su seguro servidor”.

Y su nieto Milton, doña Elena, estaba demasiado entretenido hablando con pajaritos y perdiendo sus guerras de fantasía, para ocuparse no sólo de Aníbal, sino de todos en Venezuela.

A su hijo Aníbal lo velarán en capilla ardiente por tres días y quizás hasta le hagan una cadenita para que se sienta importante. Es probable que coloquen la grabación de Hugo para que cante el himno. Y mientras su nieto Nico y su yerno Jorge dicen la estupidez de “Chávez vive”, usted, doña Elena, sabe que eso es paja.

No hay peor dolor para un padre que sobrevivir a un hijo y usted doña Elena, lamentablemente ha sobrevivido ya a dos.

Aníbal murió no por culpa exclusiva de Nico, sino también de Hugo y quizás de usted. Hoy usted sufre lo que incontables hogares sufren en Venezuela y que muchos seguirán sufriendo mientras el chavismo gobierne.

Por José Vicente Antonetti /Critica24

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