Día de la Diabetes, un reloj de arena para quien lo padece en Venezuela

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(14 de noviembre de 2016. El Venezolano).- La escasez de medicamentos es un tema que padecen todos los venezolanos, y es que la espera puede acabar con una vida, porque su tiempo, simplemente es como un reloj de arena, y así tal sucede con los pacientes de diabetes tipo 1.

En un trabajo especial, realizado por la periodista Martha Palma Troconis, advirtió que “un niño sin insulina en una semana puede morir”. Además realizó una serie de entrevistas a familiares de pacientes venezolanos.

Glenda López, madre de Milán Aron de 2 años, explica que su hijo convulsionó por una hipoglicemia y terminó en el Hospital J.M. de los Ríos (Hospital de Niños José Manuel de los Ríos), en la capital venezolana, hasta el momento no ha podido comprar insulina, ni cintas reactivas (para medir el azúcar) en ninguna farmacia.

Destacó que el tratamiento lo consigue a cuentagotas gracias a la solidaridad de familiares y amigos. “Me ayudan familiares cercanos al gobierno y un vecino que trabaja en una compañía farmacéutica”.

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Aron lo alimentan sanamente, para evitar que tenga desequilibrios con su glicemia: “con amigos que trabajan para el gobierno consigo para el mercado, pero cuando se acaba salgo a la calle.

“No estoy inventando nada. Uno habla para que los demás no vivan la situación que uno pasa. Sé que hay inseguridad y otras cosas, pero debemos centrarnos en la salud. De un “pen” (de insulina) depende mi hijo, y de las cintas reactivas. A mí no me vale tener la nevera llena de insulina sino no tengo como medirle (la glicemia)”, explicó.

Cabe mencionar, que las cintas reactivas son de vital importancia, ya que con ellas, se mide su glicemia, y se sabe cuanta insulina debe inyectarse, puesto a que si se inyecta insulina en exceso, se producen hipoglicemias (bajas de azúcar); si no se inyecta suficiente insulina se producen hiperglicemias (subidas de azúcar).

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Para María Eugenia Merlo Galindo, mamá de Efrén Silva de 12 años, la situación  similar, no ha podido conseguir los medicamentos correspondientes para aplicarle el tratamiento a su hijo, quien se estrenó con la enfermedad hace 4 años.

“Al principio yo conseguía casi todo, incluso para mejorarle su calidad de vida buscaba las jeringas y las agujas del pen tipo nano.  Ahora, esas agujas no existen en Venezuela. Tampoco llegan al país las insulinas que mi hijo usa. Antes, yo tenía un enlace con la industria farmacéutica. Una línea 800. Si tú comprabas 100 cintas y le llevabas la factura, ellos te entregaban una caja de 25. Lo cierto es que las cintas desaparecieron. La empresa ya no está aquí”, resaltó.

Tampoco consigue alimentos especiales para su hijo, cómo galletas sin azúcar, y si las consigue son demasiado caras. “Hay veces que no le compro gelatina sin azúcar porque prefiero invertir ese dinero en el deporte que lo necesita”, dice Merlo.

Cerca de 350 niños y adolescentes (hasta los 19 años) con esta condición se controlan en el Hospital J.M de los Ríos. Estos pacientes no tienen los insumos mínimos para garantizar su vida y cada día que pasa es una bomba de tiempo para ellos.

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