Derechos confiscados, por Jorge Barroso

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CAR10. CARACAS (VENEZUELA), 11/05/2016.- Simpatizantes opositores discuten con integrantes de la Policía Nacional Bolivariana en una manifestación hoy, miércoles 11 de mayo de 2016, en Caracas (Venezuela). La policía militarizada de Venezuela y la estatal Policía Nacional Bolivariana (PNB) impidieron el paso de la marcha a la que convocó hoy la oposición del país hasta la sede del Poder Electoral para pedir celeridad en la activación de un referendo para revocar al presidente, Nicolás Maduro. EFE/Miguel Gutiérrez

EFE/Miguel Gutiérrez

(25 de mayo de 2016. El Venezolano).- El artículo 68 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es claro: “Los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley”.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos también establece en su artículo 20.1, que “toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas”. Así como en el artículo 21 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos “se reconoce el derecho de reunión pacífica”.

Letra muerta para el gobierno Bolivariano; el mismo que desde hace 17 años ha pisoteado derechos tan fundamentales como el derecho a la vida, a la salud y a la alimentación. El mismo que no solo pone a los cuerpos de seguridad del Estado en contra del pueblo, sino que usando los poderes públicos intenta cercenarnos cada vez más como ciudadanos.

No en vano nos ataca con gases lacrimógenos y nos impone los lugares donde podemos o no expresarnos libremente, dejando en evidencia situaciones de alteración del orden constitucional que afectan gravemente el orden democrático; hechos que, por cierto, mantienen encendidas las alertas internacionales, y por los que pudiera invocarse la Carta Democrática Interamericana.

La realidad es que no tienen apoyo ni calle, y que ante el miedo de perder lo poco que les queda de poder, buscan atajos para intentar detener la fuerza de un pueblo que quiere PROGRESAR.

Pero ya es muy tarde, y lo saben.

Se siente en cada esquina, en cada ventana, en cada cola para comprar harina pan o Atamel para el dolor de cabeza. ¡Venezuela está resteada con un CAMBIO!

¿Y cómo no estarlo? Somos una sociedad golpeada por el desamor de un Gobierno que nos mata de hambre, y al que poco le importa que nuestros pacientes con cáncer, VIH o alguna enfermedad crónica consigan el tratamiento para mejorar su calidad de vida.

Somos un pueblo que quiere revocar la escasez, el deterioro, el retroceso y que necesita con urgencia un Presidente que trabaje por y para su gente. Un pueblo que no cesará en su lucha por una Venezuela donde se respeten los derechos fundamentales: la vida, la salud, la alimentación, educación, vivienda, información y expresión. Una Venezuela sonriente.

Y a nuestra Fuerza Armada Nacional le pedimos que cumpla con su deber. El pueblo sufre y sabemos que ustedes también, porque todos vivimos la misma historia. Ustedes son más que un uniforme. ¡Ustedes son Venezuela!

Lo que no aceptaremos ni respetaremos como país es que dentro de las fuerzas de seguridad del Estado se infiltren combatientes revolucionarios. Jamás habrá suficientes armas que puedan contra la voluntad de una Patria que quiere CAMBIO.

Por Jorge Barroso

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