Del tercer al primer mundo ¿Estamos preparados para la democracia?, por Néstor Suárez

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(Foto referencial)

(7 de mayo de 2018. El Venezolano).- Del tercer al primer mundo, es el título de un libro que ha circulado por mucho tiempo allá en el primer mundo. Es sobre Lee Kuan Yew, el líder y padre fundamental de Singapur. Describe como su país llegó al actual ingreso per capita anual de más de $50.000 promedio, desde sólo $3000 cuando se independizó en el año 1965. Fue una multiplicación inmensa, con un crecimiento de 8.5% anual promedio de 1966 a 1990. En 1990 , Lee dejó la Presidencia por considerar que lo fundamental de su trabajo ya estaba hecho, y abrió por completo el cauce democrático en Singapur. ” Ahora éste es un país rico, y por tanto puede ser democrático”, escribió. Su tesis fue, que la pobreza impide el buen funcionamiento de la democracia , llamando al populismo y al socialismo.

En la parte relativa al desarrollo económico, el libro no revela ningún misterio. No hay milagro. Todo es muy obvio, sin novedad. Desde sus comienzos como Primer Ministro en 1959 , Lee aplicó la fórmula capitalista : trabajo, ley y orden, y libre mercado. Y las mercancías extranjeras no ahogaron a la manufactura local, sencillamente porque sus costos no eran artificialmente altos. Singapur nunca tuvo empresas estatales, ni gigantesco y entrabante “Estado Caro y deficitario”, sino una máquina administrativa pequeña y ágil, ocupada solamente en sus funciones propias: defensa nacional contra la subversión comunista, Policía y tribunales, y obras de infraestructura física, principalmente de comunicaciones. Es un Estado que permite el ahorro interno, y no interfiere con la economía privada. Y para que la producción nacional compitiera exitosamente con la extranjera dentro y fuera del país, Singapur no requirió barreras ni subsidios. Tampoco moneda debilitada ni salarios de hambre. Sólo leyes sabias y justas. El principal asesor en la materia fue el economista Hon Sui Sen, uno de los mejores de su profesión, y ampliamente conocido y respetado en Asia, por su trabajo como fundador y por décadas Presidente del Instituto de investigaciones económicas de Singapur.

La dirección decididamente capitalista de la economía, le creó problemas a Lee y a su equipo con la Federación Malaya. Por eso se separaron, en 1965. Pero tampoco hubo democracia, al menos al principio. Y en este punto los planteamientos del libro si fueron novedosos. Lee kwan Yew no tiene nada contra la democracia, por el contrario, dijo que es una maravilla que el pueblo elija sus representantes al Parlamento para hacer las leyes, y autoridades dedicadas a cumplirlas y a hacerlas cumplir. Admiro la división de poderes e independencia de la judicatura, y la prensa libre. Las ventajas de estás instituciones se demuestran en Inglaterra, donde Lee estudió, y en muchos otros países europeos, y hasta aquí en Estados Unidos. Lo único fue que Lee se preguntó : estarán todos los pueblos preparados para la democracia?

Según Lee, una cosa es creación de riqueza, y otra, democracia. Para crear riqueza no se necesita democracia, más bien estorba. Lo que se requieren son leyes y tribunales sabios y justos, además de caminos o carreteras, puentes, y pocos impuestos y cargas públicas. Y considerable cantidad de empresas privadas, con suficientes recursos de capital, capaces de sostener el proceso de creación continua de riqueza. “Un pueblo hambriento no razona ni atiende razones, y menos si no es muy letrado o educado. Y así es seducido por el primer canto de sirena de cualquier demagogo populista socialista. Según Lee, cinco países en el siglo xx demostraron la necesidad de crear riqueza antes de permitir democracia. Fueron en orden cronológico: España(1936), Taiwán(1949), Corea del Sur(1951), Singapur(1965) y Chile en 1973.

Lee también comentó que en una Cena ofrecida al ex presidente alemán Helmut Schmidt, éste preguntó si algún día China sería una democracia. Los presentes explotaron en carcajadas o risas. “1300 millones de habitantes, casi la mitad analfabeta, no puede elegir Presidente”, le contestó Hon Sui Sen. Y mucho menos diputados, que son más importantes porque tienen el poder de hacer y derogar las leyes, que pueden ser sensatas o no, y si lo son, no importa si el presidente no lo es, puesto que le fijan un límite, pero si no lo son, el desastre está hecho, aunque el Presidente sea un genio. Y Lee le explicó a Schmidt que China, patria de sus ancestros, “por milenios sólo conoció dinastías corruptas, anarquía, conquistadores, caciques guerreros y dictadores”. Y remató diciendo: “Schmidt fue un hombre inteligente, porque de inmediato advirtió lo absurdo de su propuesta”.

Por Néstor Suárez. 

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