Decreto de emergencia emocional, por Axel Capriles

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Foto: Luis Salas, min. Economía.

Foto: Luis Salas, min. Economía.

(18 de enero de 2016. El Venezolano).- Vamos a ser precisos, el vocabulario de la revolución siempre nos entrampa. No hay manera de declarar una emergencia económica en Venezuela.

La palabra emergencia significa suceso o accidente que sobreviene, una ocurrencia imprevista que requiere atención inmediata. Denota una condición fuera de control, un desastre ocurrido de manera súbita, un evento fortuito que rompe la tranquilidad y el orden habitual de una comunidad.

Una emergencia médica, una emergencia ecológica, todas remiten a un contratiempo, a una complicación o percance inesperado, a un accidente. El elemento de sorpresa es fundamental, el hecho de ser imprevisto, de no haberlo podido predecir.

Entonces, ¿cómo puede el Presidente Maduro defender un decreto de emergencia económica después de las infinitas y reiteradas advertencias de todos los sectores de la sociedad venezolana sobre las aterradoras consecuencias económicas del Socialismo del Siglo XXI y las destructivas políticas de la revolución bolivariana? ¿Y cómo puede llamarse decreto de emergencia económica a una resolución que intensifica las causas y factores desencadenantes de la misma crisis económica que pretende apaciguar? Es un desquiciado decreto de homeopatía económica, pensar que “lo igual cura lo igual”. Son 16 años de exhortaciones y advertencias enterradas por la fuerza y el ansia de poder.

Lo que sí tenemos que decretar es la emergencia emocional, la alarma frente a la epidemia de depresión ansiosa que se ha desatado en el país, la urgencia de cara a la infección de trastornos psicosomáticos que toman a las personas de improviso, el apremio frente a la propagación del síndrome de aislamiento y escape que agudiza el estado de sitio en que vivimos los venezolanos.

La esperanza nacida de las elecciones parlamentarias de diciembre se ha encallado en la perspectiva del tiempo, en el nebuloso túnel de confrontación de poderes indiferentes a la vida real del venezolano de a pie con la autoestima destruida, consumido por una insoportable incógnita y angustia de supervivencia disparada por la inseguridad, la escasez y la hiperinflación.

Sí, estamos en emergencia porque la economía de la revolución es una bomba lanzada en medio de la sociedad, la causante de un estallido de impotencia que destruye la dignidad humana y la trama social.

Por Axel Capriles / El Estímulo

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