De lo que nadie puede escapar, por Manuel Aguirre

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Referencial

(10 de junio de 2017. El Venezolano).- Me siento a escribir con un profundo dolor en el alma causado por una bomba lacrimógena: una que impacto nuevamente justo en el pecho de un joven que su único delito era tener sueños y voluntad de vivir en un país distinto; nació en la revolución y muere en ella sin poder haber visto más. Neomar es la razón por la cual me siento a escribir hoy.

Luego de 68 días de resistencia es normal que hoy nos preguntemos por los que no hacen nada, aquellos que solo escriben por sus redes sociales. Pareciera normal que gente, aun viendo su futuro tambalearse en un tres y dos, todavía no reaccione. Pensando en eso he decidido contarles algo que me paso hace unos días:

Tengo unos amigos muy cercanos que hace años atrás les había ido muy bien, lo cual me alegra muchísimo. Sin embargo, en reiteradas oportunidades hacían críticas considerables a lo que hacíamos (la oposición) y muy poco participaban en manifestaciones. Cada día que se agudizara la crisis ellos sacarían partida a su trabajo, que no es nada ilegal, pero que como todo venezolano con su viveza a flor de piel, con la situación de este modelo económico que profundiza la escasez y aumenta la corrupción, donde ya no se consigue nada por los canales regulares, sacarían provecho.

¿Qué fue lo que ocurrió? La crisis llegó a su negocio y uno de ellos me escribe: “Manuel, necesito que organices junto a los diputados que conoces una protesta y denuncies lo que nos está ocurriendo”. Mi primera reacción al ver el mensaje fue de rabia; respirando y dejando un momento sin contestar para digerir la información, procedí a darle una respuesta, un tanto con indignación profunda. Pero el caso es que lamentablemente, esto demuestra que más temprano que tarde es parte de este modelo que nos llegue la ruina a todos; quizás hay unos que hoy están mejor porque han tenido suerte, aprovecharon que sus competidores se vencieron, se fueron del país o la crisis los obligó a cerrar. Pero la pregunta es ¿cuándo te llegará a ti? Quizás todavía hay quienes creen que la crisis no es con ellos.

Teniendo en cuenta la situación y más si esto viene de gente que se ha formado en valores, que debería tener conciencia, el resultado arroja que todavía hay mucho por hacer para vencer la indiferencia: 1) Redoblar el mensaje, no porque los que hemos estado durante años trabajando en él tengamos moralmente la verdad, va mucho más allá de eso. Esta lucha no se trata de sumar rango por cantidad de marcha, protesta, kilómetro recorrido en el asfalto o gas recibido. Se trata de hacer entender que el modelo democrático, con todas sus imperfecciones, permitirá volver a tener la oportunidad de progresar, y que hoy el gobierno es el que nos ha robado eso y la única forma de conseguirlo es unidos. 2) Vencer el cerco comunicacional: que las historias se conecten y que nuestra protesta no sea asistir solo a una manifestación, sino que, mediante la creatividad frente a la censura, ideemos maneras para que los venezolanos nos enteremos de todas las actividades de calle: lanzando desde edificios miles de volantes, guindando pancartas frente a cada poste y semáforo: expresar en cada espacio que tenemos que ser más.

Luego de 68 días de resistencia es normal tener cansancio, es normal hacerse preguntas, es normal tener dolor ante tanto sufrimiento como el que hoy siento por la muerte de un joven venezolano más. Quiero decirles: ningún gobierno puede sostenerse indefinidamente si el pueblo al que tiraniza está en permanente rebelión; la protesta no es eficaz solo para combatir y derrotar al régimen, estoy seguro que esta resistencia nos está transformando a nosotros mismos, haciéndonos más nobles y más fuertes de espíritu: estamos siendo mejores personas y mejores ciudadanos cada día porque ese es el resultado de la lucha por un futuro mejor.

Por Manuel Aguirre

 

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