¿Hasta cuándo?, por Israel Fernández Amaya

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Referencial

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(29 de abril de 2016. El Venezolano).- Hace algunos o muchos años, Jorge, joven y brillante ingeniero, en la especialidad de electricidad, empleado de la empresa eléctrica del Estado, itinerante en diferentes partes del país, nos manifestaba con explicaciones fundamentadas, el desastre que el chavismo fomentaba en el manejo de la generación, distribución y mantenimiento eléctrico. La desidia y corrupción en todos los aspectos de esa industria, informaba de un eventual colapso, abstracción hecha de fenómenos como El Niño. Equipos adquiridos de pésima calidad, en hechos de podrida actuación administrativa, sobreprecios y una ineficacia total, reflejaban el camino de la llamada revolución.

Jorge se fue. Hoy con su brillante inteligencia y dedicación reside en Alemania, en un centro de investigación donde aporta con su talento, conceptos e ideas para la generación de nuevas fuentes de energía. Es la historia de miles de jóvenes desechados por no contribuir a la destrucción del país.

Este derrumbe criminal tiene nombre y apellido: Hugo Chávez Frías, ese mismo que vemos hoy en un video de 2008 que rueda tumultuosamente en las redes sociales, donde anunciaba que para los años 2009, 2010, y 2011, Venezuela tendría “el mejor sistema eléctrico del continente y del mundo”, y por supuesto, lamentablemente se fue de este mundo dejando la peor red eléctrica del continente y del mundo (lamentable, porque debería estar vivo, cosechando el sufrimiento de sus mentiras y demagogias, el fruto de su corrupción).

Estos tristes días de violencia, de aviones de guerra sobrevolando las ciudades de día y de noche, ¿queriendo amedrentar?, es una cosecha delictiva fomentada por su heredero, que hoy ungido de ilegitimidad, apelará a cualquier acto malsano para reprimir a los manifestantes lesionados en su condición de seres humanos.

El Gobierno decreta días no laborales en el sector público, que en nada afecta el resentimiento social, aun más, que los organismos oficiales no laboren, ni se percibe tal hecho, pues dentro o fuera de sus despachos, la incapacidad y la corrupción es la misma. No estar y estar es lo mismo. El Gobierno pretende desinformar. La realidad los incrimina.

Por Israel Fernández Amaya/La Verdad

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