¿Cuál es el camino?, por José R. López Padrino

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¿Cuál es el camino?, por José R. López Padrino

Referencial

(28 de septiembre 2016. El Venezolano).- La decisión tomada por las “madames” del Consejo Nacional Electoral (CNE) no debe de haber sorprendido a nadie. Era exactamente el dictamen que podía esperarse del Ministerio Electoral (entiéndase CNE) adscrito al Palacio de Misia Jacinta. Representa un intento más del régimen y sus acólitos por imposibilitar el Referendo Revocatorio (RR) en 2016. Vale recordar que tampoco es la primera vez que el Ministerio Electoral se coloca abiertamente fuera del camino democrático.

¿Alguien dudaba de que el CNE decidiría que la recolección del 20% de las firmas seria por estado y no nacional o que extendería los lapsos al máximo para postergar la realización del RR para después del 10 de enero? La razón es muy sencilla, están conscientes que dejaron de ser mayoría, que la hegemonía fachobolivariana es cosa del pasado, por ello su renuencia a contarse electoralmente.

La siniestra cofradía del CNE ha avalado todo tipo de ventajismo a favor del socialfachismo violentando la Carta Magna, y en muchos casos hasta sus propios reglamentos. Ellas han tolerado el uso de recursos del Estado durante las campañas electorales, permitido el uso de la violencia e intimidación, dispuesto el cierre o permanencia abierta de centros de votación violentando las normas establecidas, En fin han actuado y lo siguen haciendo como una oficina ministerial del régimen. Hay que entender que nos enfrentamos a un Estado omnipotente, de impronta fascista y dictatorial y no una democracia nórdica, como algunos suelen pensar.

Lamentablemente, ante la decisión del CNE se alborotaron de nuevo los espíritus revanchistas de algunos y fantasiosos de otros. Entre muchas otras propuestas se han escuchado: invocar al artículo 350 de la Carta Magna, decretar un paro nacional, la aplicación del decreto Gramcko (desconocer al iletrado por su nacionalidad colombiana), RR en el 2016 o desobediencia cívica nacional. Otros, vociferan “a la calle hasta que el régimen caiga”, o “asaltemos de una buena vez a Miraflores”. Los autocalificados “radicales” acusan de colaboracionistas a todo aquel que no comulga con su estrategia del fracaso y algunos más temerarios, entre ellos mercaderes del voto y especialistas en asuntos holísticos predicen y decretan la muerte del RR desde cómodos aposentos en el exterior. No entienden que el RR dejó de ser una referencia electoral para transformar en un movimiento político-social de mayores alcances. Estos generales de los 144 caracteres dedican su ocio a desacreditar sin piedad a sus oponentes, en lugar de orientarsus ataques hacia el verdadero enemigo: el lumpen-pranato bolivariano.

Se olvidan estos cándidos proponentes que no vivimos en tiempos de democracia, sino bajo un régimen que viola los derechos individuales y comete todo tipo de atropellos. Que confrontamos a un gobierno que acabó con la separación efectiva de los poderes constituidos, y que todos ellos, con excepción de la Asamblea Nacional responden a los deseos del escuálido intelectual de Maduro. Que históricamente los procesos de cambio democráticos se han concretado en las urnas, y no mediante atajos, falsas opciones distintas a la electoral.

Nadie duda de las debilidades del régimen de Maduro y su mafia narcocomplaciente, de la gravedad de la crisis económico-social, de la corrupción gubernamental, de la escasez de alimentos y medicinas, de la ruina del aparato productivo nacional, y de la violación de los derechos humanos. Pero, pensar que podemos sacar del poder al fachochavismo a través de alguna de las vías propuestas por los “gerentes del radicalismo opositor”, no es más que una quimera. Juegan con el desespero y el espontaneísmo de muchos venezolanos. Todas esas propuestas están destinadas a terminar en dolorosas encerronas, carentes de la más mínima opción de victoria, donde muchos venezolanos serán asesinados por la violencia oficial (formal y paramilitar) o en el mejor de los casos arrestados, torturados y sometidos a espurios procesos judiciales a manos de jueces corruptos lame-botas.

Cuando existe un 80% de la población que está descontenta y lucha por un cambio, nada, ni nadie puede detenerla. Al margen del ventajismo y de los sistemáticos abusos de poder del Ministerio Electoral, la inmensa mayoría que clama por un mejor país terminará por imponerse. Frente a las adversidades del presente solo queda un único camino: avanzar en la organización política del descontento popular. Transformar la rabia y frustración de las grandes mayorías en una gran avalancha electoral.

Vivimos tiempos confusos y convulsos. Pero no hay que perder el rumbo: hoy por hoy es imperativo derrotar electoralmente a esta montonera de farsantes y delincuentes cuyos aportes históricos han sido devastar y empobrecer al país y lumpenizar y empantanar al socialismo.

Redactado por: José R. López Padrino

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