El control del caos, por Carlos Ñañez

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El control del caos, por Carlos Ñañez

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(19 de julio de 2016. El Venezolano).- Definir hoy mismo a Venezuela nos resulta una tarea titánica, Venezuela contiene todos los males sociales que podamos imaginar, una altísima inflación que nos aproxima a la africana Zimbabue, una violencia criminal que asesinó a casi 25.000 ciudadanos durante 2015 y de colofón una escasez postrante y ominosa, similar a la de la Subsaharia, que es el síntoma más agudo del drama de la destrucción de la capacidad de producción en el país, en suma somos un manual de malas prácticas para cualquier sociedad, la coptación de las libertades es tan grave, que existe una autocensura en toda la prensa radial y audiovisual, con la destrucción de importantes medios de comunicación impresa, por presentar líneas editoriales adversas al régimen. La verdad se ha sustituido por un poderoso aparato de propaganda oficial, que hace de la mentira su aliado para deconstruir el rostro de la verdad.

A esta grave realidad se le adiciona la entrega a las Fuerzas Armadas el Control y Distribución de los muy pocos alimentos que quedan para entregar en la frenética Venezuela de Maduro, esta sobredimensión de la tutela militar comporta algo más perverso que un mecanismo de dominación basado en la violencia, es la determinación de una contaminación de índole filo fascista, que no solamente amenaza a la estabilidad de la República, sino que es una amenaza para nuestros vecinos, el conferirle estos poderes anticonstitucionalmente a los militares configura el tránsito de un Estado autoritario, con tutela militar a la conformación de un modelo de Fascismo. Las Fuerzas armadas son ahora mismo un émulo de las Wehrmacht, fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi, durante el gobierno represivo de Saló, quienes se encargaban de sostener en el poder a un régimen que ha perdido el alma, pues la confianza entre el gobierno y los gobernados se encuentra rota y solamente la desesperación es viable.

De nuevo la falta absoluta de comprensión del asunto económico queda de manifiesto, el problema en Venezuela no está soportado por la distribución, sino por la producción, la caída del producto interior bruto es inmensa alrededor del 12%, la contracción masiva de las Reservas Internaciones demuestran por otro lado, que la política cambiaria es totalmente insostenible y nos enfrentamos a una verdadera catástrofe monetaria; el gobierno en su frenesí por sostenerse en el poder, frente a una pérdida total de apoyo que lo ubican en menos de 20% de aceptación popular, ha optado por golpear la mesa y conferirle a las Fuerzas Armadas el manejo de una crisis global de alimentación y suministros médicos, que conforman un verdadero drama humanitario, a la ya caótica realidad de los mercados negros y paralelos, se le confiere el tema militar y nos enfrentamos abiertamente a un mercado negro y paralelo, tutelado por la violencia del estado, el fracaso rotundo de los comités de abastecimiento (CLAP), que nos enfrentaban a un caos de un estado en franco derrotero fallido, fue sustituido por el control total de las Fuerzas Armadas de los procesos de distribución, el ya imperante mecanismo de arbitraje recibirá la irrupción de un elemento fundamentado en la violencia monopolizada por las Fuerzas Armadas, con lo cual el carácter de drama humanitario se verá reforzado a niveles astronómicos, la escasez de alimentos se ubica en 80% y en el área médica ronda el 95%, alimentarse sin precios subsidiados es imposible en el país y esos precios cada vez más generan distorsiones cifradas en el arbitraje, las colas y hasta la violencia para hacerse de lo poco que se expende a esos precios, totalmente irreales frente a una inflación anualizada de 180,9% y con una inflación acumulada de acuerdo a cifras extraoficiales, pues el Banco Central de Venezuela, se opone ilegalmente a dar cifras de alrededor de 118%, para el primer semestre de 2016, con lo cual el escenario de una inflación cercana al 700% es cada vez más tangible y subyace sobre las sienes de los treinta millones de venezolanos, presos en esta trampa de falsas ideologías y crisis de la verdad, para que los lectores comprendan nuestro cono monetario es inútil y el dinero como institución social está destruido, un billete de Bs. 100 son al esquema cambiario de SIMADI, unos 15 centavos de dólar,  y el valor diario del salario mínimo en USD, es de unos 77 centavos de dólar, es decir estamos por debajo del umbral considerado por el PNUD, para definir estadios de pobreza extrema, simplemente no existe acceso a los bienes de alimentación básica al mismo esquema un Kg de carne representa unos 9.4 dólares con lo cual  se requieren unos doce días de trabajo para adquirir un kilogramo de carne, con un esquema de salario mínimo. Son estas las realidades de un modelo económico en el cual el cálculo no está definido, esto hace viva la frase de Hayek, el ilustre economista austriaco, que rezaba: “En el Socialismo el cálculo económico es inviable”. Esa incongruencia inherente a todos los socialismos como modelos de control político, se hace patente en Venezuela, pues nuestro gobierno carece de la más mínima intención de cambiar el estado de las cosas, pues hacernos miserables les garantiza el control de las masas, haciendo realidad con la triste frase de Trotsky: “Quien en revolución no obedece no come”.

Las figuras de los comités de abastecimiento local, eran en sí mismas riesgosas, pues existía la posibilidad de defenestrar el control del poder, a la entropía o desorden que suponía que unos ciudadanos, distribuyeran la comida y medicinas al resto de la población, quien resulta entonces llamado a imponer el orden en el caos y pasar de tutela o acción participante, son  los militares y el monopolio de la violencia, un gobierno basado en la violencia y la mentira, con una economía controlada y corporativizada, no es más que un modelo fascista y es que el fascismo contiene raíces profundamente socialistas y comunistas, no en balde Mussolini militó en la rama radical de los socialismos italianos antes de fundas los fascios de combate.

El drama social de Venezuela es tan desgarrador que la frase de hambruna es una realidad patética impuesta por un gobierno malintencionado, en la frontera con Colombia en el Estado Táchira se registró una movilización de más de 100.000 habitantes en la procura de comida y medicinas, que aún y cuando nuestra moneda esta destruida resulta más económico adquirir en la hermana república que en nuestras fronteras. La crisis humanitaria es un hecho, es imposible encontrar comida en el país y medicinas, enfermedades como el cáncer, la diabetes y trastornos neurológicos, no pueden ser tratados por nuestros médicos, el control del caos se cede a los militares pues sólo por la violencia pueden estos contener este drama nacional. Usando una frase de Benedetto Croce el gran opositor a los horrores de Mussolini, puedo ratificar: “La violencia no es fuerza sino debilidad, nunca podrá crear cosa alguna solamente la destruirá”, la violencia del régimen de Maduro no demuestra fuerza sino debilidad frente a los militares y esta debilidad conspira con destruir a un país entero y con esto a sus treinta millones de ciudadanos.

Allá queda la responsabilidad del mundo que ve y calla semejantes tropelías.   

Por: Carlos Ñañez

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