Cómplices necesarios, por Antonio Urdaneta Aguirre

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(26 de mayo de 2017. El Venezolano).- Soy totalmente analfabeto en asuntos relacionados con el Derecho. Lo único que sé hacer en tal sentido es leer y creer en los textos legales y constitucionales que ameritan de poco conocimiento para interpretarlos. Por eso desconocía, antes del 11 de abril de 2002, la frase “cómplices necesarios”. A partir de esta fecha, dicha expresión conmovió a quienes desconocemos los laberintos jurídicos. Supe entonces que es la calificación de un grave delito, el cual puede ser penado hasta con 30 años de prisión.

Fundamento tal razonamiento en la aberración judicial que les desgració la carrera profesional y la vida a varios comisarios de la Policía Metropolitana de Caracas y a una decena de agentes policiales. Muchos de éstos, en tiempos de un Fiscal General de nombre Isaías Rodríguez, fueron condenados a la pena máxima, por el delito de “cómplices necesarios”. Tampoco sé bien cuándo y en qué circunstancias se aplica dicha clasificación a un ciudadano, para privarlo de libertad; pero supongo que sin el supuesto concurso de los incriminados, hubiese sido imposible cometer los crímenes que determinaron la masacre del 11 de abril. Debo aclarar que, en lo que a mí respecta, nadie más inocentes que esos funcionarios oficiales sentenciados. De lo que sí estoy seguro es que aquellos personeros del orden público, fueron escogidos por el régimen político de entonces como chivos expiatorios, para encubrir a los verdaderos autores intelectuales y materiales del genocidio cometido. ¡Estoy seguro porque quienes perpetraron el delito dejaron muchas costuras a la vista!

Pido excusas por haberme extendido demasiado en un episodio que la mayoría del pueblo conoció y descifró desde el primer momento. Pero es indispensable que lo haga de esta manera, para poder explicar más didácticamente la gravedad del asunto que trataré en este artículo.

Estamos inmersos en una tragedia nacional, con calamidades de diferentes matices; pero la más preocupante de todas es la masacre que está haciendo la “revolución” con Nicolás Maduro a la cabeza como autor intelectual (¿por mandato foráneo?) y material de los hechos. Intelectual, porque él es, supuestamente, el vocero oficial de la “madre de las revoluciones latinoamericanas”; y material, porque es él, Maduro, quien imparte las órdenes de actuar en contra del pueblo que protesta pacíficamente. Por lo menos es lo que se deduce de sus apariciones públicas. Órdenes que luego se materializan en varios miles de víctimas, entre los que se cuentan atropellados, perseguidos, heridos, encarcelados y asesinados.

Es obvio que a Maduro le habría sido imposible cumplir sus perversos y letales objetivos, sin el concurso de una guarida de cómplices; entre éstos, los llamados “cómplices necesarios”. ¿Quiénes merecen este calificativo? Están a la vista de propios y extraños, y sus nombres y sus rostros es prohibido olvidarlos. ¿Por qué? Porque si a los funcionarios policiales le aplicaron pena máxima, ¿cuántas penas máximas le correspondería a los nuevos “cómplices necesarios”? Ellos, por ser tales, han contribuido a instaurar en Venezuela la peor barbarie que hayamos conocido los venezolanos.

De modo que, sin duda de ninguna índole, los “cómplices necesarios” más comprometidos en la consecuencia de la barbarie madurista son: las cuatro damas vestidas de monstruosidad, que le sirven a Maduro en el Consejo Nacional Electoral, quienes pudieron evitar semejante tragedia desde el año pasado. Sólo con el revocatorio hubiese sido suficiente. En el mismo nivel aparecen todos los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia que hayan firmado sentencias que favorezcan al bárbaro Maduro. Por supuesto, tampoco pueden faltar en esta lista negra el Defensor del Pueblo y el Contralor General de la República, en su condición de componentes mayoritarios del Poder Ciudadano.

Cerrar este planteamiento-denuncia sin alertar a los miles de familiares de las víctimas, sería dejar “chucuta” la intención del mismo. Los culpables directos del dolor que hoy les aflige son los funcionarios mencionados, además del primer involucrado, el bárbaro Nicolás Maduro. Pero a ellos se agrega sus esbirros de alto rango: el Vicepresidente Ejecutivo y los ministros de Defensa y del Interior, así como los subalternos inmediatos de éstos que cumplen órdenes cuya ejecución son violatorias de la ley y la Constitución.

Para completar el cometido pedagógico que me propongo, es bueno recordarles a quienes han incurrido en delitos de la naturaleza que he señalado, que muchos de éstos se clasifican de lesa humanidad; delitos que nunca prescriben, y pueden ser sancionados en cualquier parte del mundo democrático, y las penas recaen sobre los individuos que ejecutan los crímenes.

Por: Antonio Urdaneta Aguirre / @UrdanetaAguirre

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