Como siempre, terminarán frente a la justicia; por Diego Scharifker

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(20 de octubre de 2016. El Venezolano).- Pocas veces en nuestra historia los venezolanos hemos sido testigos de tanta irracionalidad por parte de un gobierno, no es que no haya ocurrido antes, es que jamás la hubo en estas proporciones. Este miércoles 19 de octubre, la sesión de la Asamblea Nacional fue suspendida porque cortaron la electricidad, paradójicamente en medio de la discusión del proyecto de ley que regula ese servicio.

Por más que intenten hacer creer lo contrario, el oficialismo está inmerso en una crisis sin precedentes que los lleva a ejecutar acciones y a verbalizar ideas absurdas y aberrantes. No solo se limitan a cortar la electricidad del Palacio Federal Legislativo, también ocultan enfermedades, privan a pacientes crónicos de sus medicamentos, distribuyen agua de calidad cuestionable a los ciudadanos, encarcelan a disidentes sin respetar el debido proceso y llegan hasta la más absoluta barbarie al amenazar con quitarle la comida a quien se atreva a validar su huella en la recolección del 20% de voluntades para activar el referéndum revocatorio.

Lo que más me llama la atención, he de reconocer que mi capacidad de asombro aún es amplia, es la irresponsable firmeza con la que llevan a cabo tales desmanes. Cuando hablo de firmeza me refiero a la convicción con la que defienden mentiras y decisiones evidentemente contrarias a las leyes y al sentido común. Cuando esto ocurre se hace palpable la inexistencia del más mínimo prejuicio, esto es francamente temerario y hasta ridículo.

En medio de su soberbia, algunos voceros oficialistas instrumentan campañas que solo buscan sembrar el desánimo y la desesperanza en los ciudadanos. De ello resalto dos elementos, esos voceros lucen solitarios, si los cuentan verán que son muy pocos los que se suman a la mentira, son muy notorias las ausencias en el otrora uniforme y masivo coro rojo. Por otro lado, sus discursos amenazantes logran el efecto totalmente contrario, la gente solo aumenta su molestia y rechazo hacia ellos. No terminan de entenderlo, afortunadamente.

El barco se está hundiendo lento pero sostenidamente, hasta el último minuto habrá quien diga que solo es una avería leve, cuando toque fondo para unos será muy tarde y cuando apenas reaccionen estarán, como siempre, frente a la justicia intentando justificar sus crímenes.

Por: Diego Scharifker / La Patilla

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