Carta del niño Jesús a la MUD, por Gustavo Azócar

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Referencial

(26 de diciembre de 2016. El Venezolano).- Apreciados amigos de la MUD:

Me quedé esperando la carta de ustedes para esta navidad 2016. He preguntado a mi secretaria esta mañana por la carta que todos los años me enviaba la MUD y ella me ha informado que, hasta esta hora, ninguna misiva procedente de la Mesa de la Unidad Democrática de Venezuela ha llegado a mi oficina. Me ha extrañado mucho que, a diferencia del año 2015, la correspondencia de ustedes no haya aparecido entre los millones de cartas que recibo cada año. Quiero creer que todo se debió a un olvido involuntario. Prefiero pensar que se les pasó y no que no les dio la gana de escribirla. Sería muy triste y desafortunado que una institución tan importante como la MUD no envié su carta anual de navidad al hijo de Dios.

En virtud de que no me llegó la carta de ustedes, he tomado la decisión de ser yo quien les escriba. Siéntanse orgullosos. No todo el mundo recibe una carta del Niño Jesús. En diciembre de 2015 escribí una carta a Nicolás Maduro. Hoy se la escribo a ustedes. Son pocos, poquísimos, los seres humanos a quienes se les concede ese honor. Les escribo hoy, 24 de diciembre, a pocas horas de mi nacimiento, para hacerles llegar un regalo que, estoy seguro, no les caerá nada mal en estas navidades. Aclaro: no les enviaré un cargo nuevo. Tampoco les entregaré dinero. Esos regalos ya se los di en años anteriores. Y tal parece que ustedes no los aprovecharon para ayudar a su pueblo. De momento, no les daré más recursos financieros. Aunque ustedes no lo crean las cosas aquí en el cielo también se han puesto difíciles. La crisis nos ha golpeado a todos. No sólo es Venezuela la que ha estado sufriendo los embates y las calamidades producto de las dificultades económicas y las terribles decisiones tomadas por su pésimo gobierno. El mundo entero también está sufriendo, en mayor o en menor medida, las consecuencias de las malas decisiones adoptadas por el hombre.

Quiero recordarles que en noviembre de 2015 recibí una carta de ustedes, en la cual me pedían un regalo que parecía difícil pero no imposible. En aquella ocasión me solicitaron ayuda para ganar la mayoría parlamentaria en la Asamblea Nacional, que desde el año 2005 había estado bajo control absoluto del gobierno comunista de Venezuela. Sin pensarlo dos veces, utilicé mis poderes y les concedí ese regalo, que no solamente fue para ustedes, sino también para la gran mayoría de los venezolanos. Recuerdo muy bien que en aquel diciembre la alegría y el entusiasmo inundaron casi todos los hogares de ese país. No era para menos: las fuerzas democráticas habían logrado recuperar la mayoría en el parlamento, uno de los poderes públicos más importantes de Venezuela, propinándole una soberana derrota al oficialismo. Las expectativas eran muy grandes y las esperanzas de que se produjera un cambio político en esa gran nación eran cada vez más mayores.

Desafortunadamente debo decir que la alegría les duró muy poco. La nueva Asamblea Nacional cometió el gravísimo error de creer que el mandado ya estaba hecho. Los diputados se emborracharon de poder y se creyeron el cuento de que eran los nuevos líderes de Venezuela y empezaron a trabajar en sus proyectos políticos personales y partidistas antes que en el gran proyecto que significaba rescatar la institucionalidad y el orden democrático y constitucional en Venezuela. Algunos diputados lanzaron sus campañas presidenciales. Otros lanzaron sus campañas a las gobernaciones. Y descuidaron, al menos durante los primeros cuatro meses, el objetivo primordial, que era sacar a Nicolás Maduro de la Presidencia de la República.

Es doloroso decirlo, pero desde el cielo vimos las cosas así: las ambiciones personales y los proyectos político partidistas suplantaron y dejaron a un lado el interés nacional. La AN se enfrascó en una pelea suicida con el Tribunal Supremo de Justicia que la dejó como un jarrón chino. La falta de decisiones contundentes, que debieron adoptarse en el mismo mes de enero de 2016; el cálculo político, las agendas ocultas y los quinta columnas que nunca faltan, se encargaron de desviar el camino de la Asamblea Nacional. Los partidos que integran la MUD empezaron a trabajar en sus proyectos individuales, poniendo la mirada en unas hipotéticas elecciones presidenciales y descuidaron el trabajo de calle que se venía haciendo. Todo eso fue aprovechado por el oficialismo, cuyo objetivo primordial era ganar tiempo para oxigenarse y curar las heridas que les dejó la derrota del 6 de diciembre de 2015.

Casi al final de 2016, cuando el oficialismo se encontraba sin aire y contra las cuerdas, la MUD cometió lo que el difunto Carlos Andrés Pérez llamaría un “autosuicidio”: sentarse a la Mesa de Diálogo con representantes del oficialismo sin antes exigir condiciones, cronograma, agenda, plazos y compromisos concretos y tangibles. El resultado ya lo conocen todos los venezolanos y el mundo entero: el gobierno obtuvo un segundo aire, desprestigió a la MUD, minó la credibilidad de la principal coalición opositora, acabó con la lucha de calle, y terminó con la esperanza de una salida electoral a corto plazo que pudo haber solventado, al menos en parte, el drama que viven hoy día millones de personas en Venezuela, como consecuencia de una muy calculada estrategia de empobrecimiento, control y sumisión puesta en marcha desde el Palacio de Miraflores por el señor Nicolás Maduro y sus asesores cubanos.

Así las cosas, y aunque ustedes han decidido no escribirme este año (quiero pensar que no lo han hecho por vergüenza y por el remordimiento de conciencia), he querido enviarles estas líneas y una sencilla cajita de cartón, que contiene estas palabras:

1.- Humildad: la MUD y todos quienes la integran tienen que ser humildes. La autosuficiencia es muy mala consejera. Ser humilde es reconocer que se equivocaron. Todos quienes están al frente de la MUD deben hacer un mea culpa y admitir ante el país nacional que la estrategia que diseñaron y pusieron en práctica durante todo el año 2016 fue un fracaso.

2.- Rectificación: la MUD está obligada a rectificar. Hay que corregir errores. Recomponer fuerzas. Trazar nuevos planes. Nuevos objetivos. Rectificar es de sabios. El camino que se tomó en 2016 fue errado. La lucha debe continuar pero bajo otros parámetros.

3.- Renovación: la MUD tiene que renovarse. Quienes estuvieron al frente de la coalición opositora durante el año que recién termina ya cumplieron su propósito. Los directores técnicos no cumplieron la meta que se les trazó. Les otorgamos la responsabilidad de llevarnos a la final y los tipos ni siquiera nos hicieron pasar la ronda eliminatoria.  Todos deben dejar sus cargos y dar paso a otra gente, a nuevos liderazgos. No esperen que alguien les pida la renuncia. Son ustedes quienes por dignidad, deben renunciar y abrir espacio a otra gente.

4.- Escuchar: La MUD debe abrir sus orejas para oir al país nacional. Hay cerca de 20 millones de venezolanos que no comulgan con el denominado Socialismo del Siglo XXI. De ellos, hay por lo menos 10 millones dispuestos a dar la batalla en el terreno electoral. Los otros 10 millones parece que están buscando otra cosa. Hay que retomar las asambleas populares. Visitar los municipios, las aldeas, caseríos, barriadas populares. Y algo no menos importante: hay que escuchar a quienes todavía sueñan y le prenden velas a Chávez.

5.- Ambición: en Venezuela no hay cabida para los intereses y las ambiciones personales: todo el mundo tiene derecho a aspirar. Eso no es malo. Lo malo es que haya gente que antepone sus intereses personales a los intereses del país. El interés particular de una persona no puede ser más importante que el interés de 30 millones de seres humanos. La MUD no es propiedad de 4 personas reunidas en una cosa rara que llaman G4. La MUD no puede ser manejada por 4 partidos políticos que de acuerdo con las encuestas no representan ni siquiera el 10% del país. La MUD fue creada para defender los intereses de todos los venezolanos, no los intereses de dos o tres individuos.

Si la MUD no pone en práctica estas cinco sabias palabras, sufrirá la misma suerte que Chávez: morirá. Y será enterrada y olvidada por decisión de la gran mayoría de los venezolanos. En la lucha y en el combate todos somos necesarios, pero nadie es indispensable.

Aunque haya muchos venezolanos que creen que no hay nada que hacer y que todo está perdido, alguien debe recordarles que no es así. La estrategia del gobierno venezolano ha sido esa: hacerle pensar a la gente que no vale la pena seguir luchando y que lo mejor que pueden hacer quienes no crean en el Socialismo Bolivariano es vender lo poco que tienen e irse del país.  En verdad os digo que esta lucha no ha terminado, y que si bien es cierto que a ratos parece que el enemigo es invencible, la verdad es que el final de esta tragedia está mucho más cerca de lo que parece. En el 2006 Chávez parecía invencible. Seis años más tarde, se murió. En el 2012, Diosdado era el todopoderoso presidente de la AN. Un año después es  sólo un diputado más.

Hay que perseverar. Ser constante. Consecuente. Coherente. No perder de vista los objetivos. No llega primero el que va más rápido, sino aquel que sabe a dónde va. Feliz Navidad 2016.

Atentamente,

El Niño Jesús

Por: Gustavo Azócar  / La Patilla

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