Caretas abajo, por Dámaso Jiménez

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(20 de octubre de 2016. El Venezolano).-  Han pasado 18 años y el gobierno sigue negando su paternidad ante la crisis más devastadora que haya sufrido el país en toda su historia.

Estamos hablando de una hecatombe social que separó familias enteras, 2 millones se han ido. El trance robó la oportunidad muchos jóvenes que ya ni sueñan con volver. Mutamos en una cultura extraña que desmembra y canibaliza, mata de hambre lentamente, desaparece etnias enteras, borra a los más marginados.

Hay que reconocer que ya nadie se asombra. Cada vez crece el número de personas que hurga sobre la basura buscando algo de comer. El gobierno presiona para que los venezolanos huyan o teman impotentes en medio del caos y el hambre. Es la Estrategia de Estado del chavismo para mantenerse el mayor tiempo posible sujeto al poder. Lo contrario los obligaría a tener que rendir cuentas. Prefieren “auto-condecorarse” por poner en práctica una fórmula comunista usada para administrar la miseria con más populismo, pero las bolsitas de comida de su plan de la patria no alcanzan ni para la sumisa tropa a su disposición. El hambre amenaza su voto duro.

Aristóbulo Istúriz se atreve a soltar una premisa que el gobierno manipula a su antojo: la escasez de alimentos no es un asunto provocado por ellos. Olvida la destrucción del aparato productivo tras años de expropiaciones de fincas, de toma de industrias de alimentos, de importaciones exageradas y de años de odio resentido contra el productor nacional. Siguen vendiendo la cartilla de que todo este colapso es un asunto creado por el imperialismo “yankee” y la oposición perseguida, pero ese planteamiento carece de toda lógica porque en Venezuela no hay alimentos que controlar sino escasez. Es el generalato de la FANB la encargada de este control. Es el alto mando entonces los generadores de las colas. Es el gobierno militar el que impuso el control de cambio como medida política para que no se tumbaran entre ellos mismos y alcanzaran los negocios para todos. Son esos grandes negocios lo que sostienen a Maduro en el poder. El único alarde de Istúriz es el de ofender a cada rato la inteligencia del venezolano.

Pero Venezuela vive una dictadura que no puede cerrar por completo sus esclusas. Ya no se puede seguir ocultando el abuso inconstitucional de desconocer e intentar desaparecer una Asamblea Nacional electa por la mayoría de los venezolanos, que buscar implosionar una salida de paz a través del revocatorio, y por último pretender convertirse en el amo absoluto de un presupuesto de 8.4 billones de bolívares que serán manejados sin ningún control gracias a una sala del TSJ convertida en bufete privado de abogados

El petróleo ya no da para tanto, la mayoría de esos recursos saldrán de los bolsillos heridos de muerte de 30 millones de rehenes con cédula venezolana. Caretas abajo el gobierno se apodera de todo y traspasa cualquier línea amarilla de constitucionalidad. No puede seguir ocultando sus pretensiones autócratas. Estamos ante una dictadura por toda la calle del medio. Ya no se pueden echar para atrás. Crecen las cuentas pendientes que deben rendir.

Una dictadura con déficit en la cartera. Las cifras calculadas por organismos internacionales revelan el desastre del peculado doloso, malversación y corrupción de una revolución que arruinó toda una nación como política de Estado.

Los números expuestos por Maduro le dieron la razón al FMI que ya había adelantado que la inflación para el cierre del 2016 se ubicaría en un 500%, con una caída del 10% del PIB, y la amenaza de una inflación del 2.200 % para el año que viene, de mantenerse este mismo modelo caótico previsto por la fuerza.

Según los expertos la situación de Venezuela dejó de ser atractiva para la inversión extranjera y habría que enfrentar cualquier realidad a futuro con mucho sacrificio y medidas contundentes para intentar salir del estado de emergencia y colapso en que nos encontramos.

Sin prever ningún tipo de cambio, los expertos aseguran que estamos ante una situación que no será fácil de manejar, incluso para un nuevo gobierno en caso de que al final de todo este nudo se revele una luz al final del túnel con o sin revocatorio, sea en el 2016, 2017 ó 2018.

Falta mucho camino por recorrer  pero cualquier escenario de cambio pasa por la salida de Maduro como punto de orden, pero no será suficiente. Los liderazgos emergentes deben hablarle claro al país. Tener un plan más allá de una candidatura electoral. Tener conocimiento de causa para sacar al país del profundo abismo en que nos metió esta revolución de pacotilla. Y por favor no repitan que volveremos a ser un país rico, nunca lo fuimos. Debemos centrarnos en ser un país trabajador, capaz de salir adelante por encima de toda esta cultura cartelizada y armada contra los bienes, esfuerzos y derechos ciudadanos.

Escrito por: Dámaso Jiménez

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