Caer en cuenta, por Axel Capriles

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Referencial

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(23 de mayo de 2016. El Venezolano).- ¿De qué sirve el asombro? Teníamos que deslizarnos por el despeñadero y hundir la cara en el barranco para que escucharan nuestras voces.  Peor aún, teníamos que llegar al fondo del rehoyo (¿tiene fondo?) para que nosotros mismos despertáramos. Cuesta mucho prever tendencias,  anticipar consecuencias, ver a través de la máscara. Y sucedido lo que tenía que suceder, ahora el mundo entero coincide en el asombro: ¿cómo un país que fue tan rico terminó siendo tan pobre? ¿Cómo la utopía terminó en distopía?

En las últimas semanas, artículos y reportajes en muy distintos idiomas y los más diversos medios de comunicación social internacional han manifestado su pasmo frente a lo que sucede en Venezuela, no tanto por la crisis económica y la crisis humanitaria que se perfila, como por la disonancia cognoscitiva y el contraste inexplicable que significa ver un país conocido por su modernidad y opulencia convertido en un Estado fallido. El artículo de Matt O´Brien en The Washington Post fue uno de los más crudos: “Venezuela ha conseguido algo peor que la muerte. Ha conseguido el infierno”.

El listado de razones por las cuales terminamos en las tinieblas del averno es muy largo. Las palabras socialismo y revolución resumen muchas de esas razones.

Los articulistas extranjeros se extienden en explicar los desvaríos y políticas perversas que han convertido a Venezuela en una parábola de la destrucción, pero los opinadores nacionales que tenemos 18 años alertando palmo a palmo sobre la construcción de la estafa sentimos llover sobre mojado. No es tanto el por qué literal –cualquier texto de desarrollo económico da cuenta de los errores- sino por qué psicológico, ¿por qué tardamos tanto, nosotros y el mundo, en caer en cuenta? La inquietud es más que pertinente en estos momentos cuando vemos a otros países caminar por la misma senda que Venezuela, apuntar hacia el mismo mar de felicidad que inevitablemente nos lleva al rio Aqueronte que rodea el inframundo. Cuando el otrora dichoso país del Caribe suramericano se ha convertido en paradigma de un monumental fracaso colectivo, en España, el 23% de la población se apresta a votar por un modelo político forjado y modelado por el chavismo.

¿Es tan difícil caer en cuenta y desmontar la estafa detrás de la ilusión? ¿Es tan complicado y arduo aprender de la historia y de la experiencia ajena?

Por: Axel Capriles / El Estímulo 

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