A mi buen amigo Reinaldo Dipolo, por José Rafael López-Padrino

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(08 de julio de 2016. El Venezolano).- A mi buen amigo Reinaldo Dipolo

Me enteré de su muerte a través de las redes sociales. De inmediato me permití escribir en la red de los 144 caracteres: “Con la muerte del Dr. Reinaldo Dipolo Venezuela pierde una de las mentes más brillantes en el campo de la investigación científica”.

Tuve el privilegio de conocer a Reinaldo a raíz de mi incorporación al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC, 1974) como estudiante graduado. Fueron Reinaldo junto a Carlo Caputo quienes me ayudaron a dar mis primeros pasos en el apasionante camino de la investigación. Durante mi pasantía por su laboratorio (Permeabilidad Iónica) pude comprobar su sorprendente agudeza intelectual, aquilatar su calidad humana así como apreciar su extraordinaria habilidad experimental. Como olvidar sus fraternas e instructivas pláticas sobre la regulación de la concentración intracelular del ion calcio, los principales mecanismos de entrada y salida de este a través de la membrana plasmática, con especial atención en el intercambiador sodio/calcio.

Pero Reinaldo no se circunscribió solamente a la generación, transmisión y transferencia del conocimiento, su condición polifacética le permitió incursionar en la música. Era un amante y practicante de la música, tocaba varios instrumentos, entre ellos el piano. En más de una ocasión llegó hablarme de la valoración musical de Antonio Vivaldi en el género concertante de cámara, de la vida de Johann Sebastian Bach y su inicio musical en la iglesia de San Miguel de Ohrdruf. Era un científico multidimensional.

Reinaldo deja tras sí una trayectoria académica, científica y moral intachables. Dedicó su esfuerzo científico al estudio de la regulación del calcio intracelular en tejidos excitables (nervio y músculo). Con el pasar de los años sus trabajos se transformaron en una referencia obligada en el área de la homeostasis del calcio citoplasmático en células excitables, con especial énfasis en la caracterización del intercambiador sodio/calcio.

Su extraordinaria carrera como investigador quedó plasmada en más de 100 trabajos publicados en las mejores revistas científicas del mundo, cientos de ponencias en congresos nacionales e internacionales. Su excelsitud científica lo convirtió en uno de los investigador venezolano que ha alcanzado mayor cantidad de citaciones a nivel internacional (Science Citations Index). Fue merecedor de múltiples reconocimientos: Premio Pi Suñer (1962 y 1980), Premio Lorenzo Mendoza Fleury de la Fundación Polar (1983) y Premio Nacional de Ciencias (2000). Además, fue un docente insigne, dirigió tesis de pregrado y de postgrado a un número importante de estudiantes procedentes de instituciones académicas nacionales y de países extranjeros.

Dentro de su multidimensionalidad, Reinaldo fue además un amante de los deportes. Todos recordamos su imagen de “trotón” por los predios del IVIC, o su participación en cuanto evento deportivo se realizara, fuera fútbol, futbolito, etc.

Reinaldo siempre fue un hombre alegre, solidario, emprendedor que transmitió esperanzas y fe en el futuro a pesar de las dificultades. Fue un verdadero líder, con una honestidad y sencillez prístina, que siempre predicó con su ejemplo.

Lamentablemente, Reinaldo al igual que millones de venezolanos no escapó de la barbarie socialfascista bolivariana. Bajo el prisma de una visión simplista, embaucadora y mentirosa de la ciencia “Los investigadores deben dejar de trabajar en proyectos oscuros, y en su lugar debe ir a los barrios para hacerse útiles” (Chávez dixit), los cortesanos directivos del IVIC arremetieron contra Reinaldo. Le elaboraron un falaz y chapucero expediente administrativo por “no cumplir con el horario de trabajo” y fue despedido de esa institución. A pesar de los malabarismos jurídicos de las autoridades del IVIC, el despedido de Reinaldo no fue más que una vulgar retaliación por su posición critica frente al proyecto militarista bolivariano. Con el cercenamiento de su carrea científica, así como la de otros investigadores que corrieron igual suerte, la lumpencracia bolivariana cometía una de sus más funestas acciones en contra del IVIC y la ciencia nacional.

Al margen de las mezquindades e ignorancia del presente, la contribución científica de Reinaldo Dipolo pasará a la historia como muestra de su prestancia académica, de su integridad, y de su valor humano. Su imagen vencerá las sombras del presente y brillará en la Venezuela por reconstruir.

Hasta luego mi buen amigo Reinaldo

“La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida” José Martí

Por José Rafael López-Padrino

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