AN sin figurones, por Israel Fernández Amaya

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Globovisión

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(15 de enero de 2016. El Venezolano).- El peor escenario que puede escoger la MUD en la AN, es el de la duda y confrontación interna permanente. No sonar al unísono destruiría el logro de un triunfo contundente, aun más cuando el régimen tiene la ventaja de una carencia de idoneidad y capacidad en todas sus actuaciones que los lleva a decidir y actuar sin medir legalidad, seriedad, respeto y sencillamente conocimientos elementales. Es la ejecución intuitiva y en términos del psicoanálisis, la manifestación de una conducta de evolución criminal que ha asomado lo más perverso del comportamiento humano.

Esa ventaja destructiva de la ignorancia, hay que contrarrestarla en la AN, con planteamientos y decisiones de relevancia intelectual, con apego analítico a la Constitución nacional. En ella existen todas las posibilidades de manifestaciones jurídicas para que emerjan actos legislativos que contrarresten el lenguaje instintivo  del oficialismo. Es difícil, lo sabemos, oficiar de intelectuales contra un comunismo irracional y lleno de la retaliación del perdedor. Diosdado es la manifestación evidente de ese hecho. Está en una desventaja total. Al perder la Asamblea y su presidencia, se le esfumó el contrapeso con el cual se igualaba a Maduro y hoy en la AN, es uno más del montón derrotado y nada tiene que contraponer al Presidente. Su poder se esfumó como se le esfumó la pretendida ascendencia sobre la FANB. El impasse del 6-D 2015 lo confirmó. Quedó derrotado por todos lados. El Alto Mando Militar reconoció el triunfo opositor.

En este orden, la MUD tiene un requerimiento histórico: cumplir con el mandato constitucional de representación popular. Legislar y controlar con cordura como un bloque sólido. Gente capaz tiene. Si titubean, comenzará de nuevo la anarquía opositora.

Las miradas están fijas en quienes fueron y son figurones excluyentes y que dentro de la godarria caraqueña pretenden ser salvadores de patria, aislándose en criterios pomposos, cuando lo requerido es concisión y pragmatismo efectivo, con interpretaciones certeras y constitucionalmente incuestionables.

El teoricismo a estas alturas enturbia la celeridad y no hace mella en la mente comunista. Los actos legislativos y de otra índole que emanen de la AN deben ser sólidos, pero inteligibles y demoledores del bestialismo oficial.

Por Israel Fernández Amaya/La Verdad

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