Ahora los renovadores son los otros, por Fernando Torre Chalbaud

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Referencial

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(06 de enero de 2016. El Venezolano).- Un viento fresco recorre el país, es una inmensa energía positiva que contagia a todos, como si de repente el optimismo se hubiera puesto de moda. Ahora todo parece posible nuevamente.

Quienes antes eran los de avanzada, los indetenibles, ahora se les nota dudosos, confundidos, tomando decisiones atropelladas de última hora. Como si no entendieran francamente qué pasó o qué originó todo esto. Aún no tienen claro qué de lo que han hecho ha producido toda esta ola de acontecimientos que amenaza su permanencia y mucho de lo construido en estos años. Se siente que sus partidarios se están saltando las líneas rojas, enfrentan una suerte de desbandada general y sin recursos para contenerla.

Muy por el contrario, en el otro bando se observa cada vez una mayor claridad de objetivos y cohesión en el esfuerzo. Es como si ahora todos entendieran la seña, juegan en equipo y lo hacen bien. Se ha gestado un nuevo movimiento que encarna las aspiraciones más sentidas de la población en general.

Por supuesto, los desafíos que tenemos por delante los ciudadanos no son precisamente miel sobre hojuelas, se trata de dificultades ciclópeas, y de seguir como vamos, estamos posiblemente frente a la mayor crisis económica de nuestra historia. Sin embargo, contamos también con las potencialidades de la gente trabajadora y de bien, con la oportunidad de poner en marcha las instalaciones paralizadas, con la voluntad de construir un sistema de reglas claras y diáfanas para todos, y finalmente tenemos también ese catálogo de decisiones desacertadas de los últimos años, sobre el cual necesitamos reflexionar y corregir para darle a la población una verdadera oportunidad de producir y prosperar en libertad.

Pensar que días como estos parecían imposibles hace un tiempo apenas. Cuando todo indicaba que se había dicho la última palabra y avanzábamos hacia la noche, un grupo de entusiastas comenzó a crear un sueño, que poco a poco se construye como una nueva realidad colectiva: esa ilusión es un ideal llamado libertad.

Como bien diría Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

Por Fernando Torre Chalbaud/El Universal

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